Una noche de Insomnio…

Esta noche no he dormido bien. Que conste que no ha sido por los exámenes finales que estoy rindiendo. A las dos de la madrugada me he despertado, y ya no podía dormirme. No tenía ninguna especial preocupación, ningún dolor o malestar… pero no me dormía. No obstante, no he perdido los nervios; he escuchado un ratito mi mp3. Me he vuelto a la cama… Y gracias al silencio de mi esposa SOLEDAD he tenido tiempo para pensar. 

He traído a mi memoria a las personas que en esos mismos momentos estarían en los hospitales; unos, enfermos, otros, cuidándolos, todos sin poder conciliar el sueño. He recordado a los que pasan la noche en la calle, los “sin techo”, entre  cartones, bajo la mirada rutilante de las estrellas. He recordado a los que viajan por necesidad, los camioneros, siempre expuestos en la carretera… He recordado a las madres (casi siempre ellas) pendientes del hijo enfermo, o del pequeño que llora… He recordado…

Mi cuerpo trataba de encontrar postura, mientras mi mente vagaba por los caminos de los recuerdos. No sé cuánto tiempo he estado en vigilia hasta que he vuelto a perder la conciencia. Poco después, el despertador, implacable e insensible, volvió a despertarme sin piedad. Comenzaba la jornada de cada día. Aún era de noche, aunque ya se atisbaba la cercanía del alba más temprana.

A la hora de ponerme ante mi PC para dejar escritas estas líneas, me han vuelto los recuerdos de la noche. Parece que los pensamientos nocturnos se gravan más en el recuerdo. Me doy cuenta de que no puedo quejarme porque una noche, de vez en cuando, duerma menos, o menos bien, cuando hay tantos que no pueden dormir por distintas circunstancias. Pienso en las veces que nos quejamos por unas u otras cosas, cuando si miramos un poco al mundo, son tantos los que tienen verdadero motivo para quejarse, y, sin embargo soportan las contrariedades de la vida con una admirable aceptación de lo que se podría remediar y no se remedia por los intereses creados de otros, o por la indiferencia de muchos ante el dolor ajeno.

¡Es bueno pensar! Es bueno considerar el sufrimiento de tantos hermanos nuestros, aunque sea en una noche de insomnio. Y es bueno darle gracias a Dios, porque aunque el sueño se ausente, de vez en cuando, tenemos una buena cama donde descansar, un techo que nos cobija, y una situación privilegiada respecto a los que viven en tanta indigencia y precariedad.

Nunca te olvides que el Sueño es un regalo, no lo reemplaces por trasnochadas innecesarias!!!

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