Cuentos y reflexiones para pensar la vida con profundidad.

LOS ORÍGENES DE SAULO

El evangelista Lucas y Pablo mismo aseguran que éste es de pura estirpe hebrea, vive con pasión sus orígenes y las tradiciones de su pueblo. Es fiel, hasta el martirio, a su credo religioso. A causa de dicha fidelidad persigue a los cristianos porque los considera enemigos peligrosos de la fe judía.

Importantes testimonios confirman sus raíces socio-religiosas:

  • 1. «Yo soy un judío, ciudadano de Tarso, una ciudad no desconocida de Cilicia» (Hch 21,39).

  • 2. «Yo soy un judío, nacido en Tarso de Cilicia, pero educado aquí, en esta ciudad a los pies de Gamaliel en la fiel observancia de la ley de nuestros padres, partidario entusiasta de la causa de Dios, como todos vosotros lo sois en este día» (Hch 22,3-5).

  • 3. «Fui circuncidado al octavo día; de la estirpe de Benjamín; hebreo, hijo de hebreos; por amor a la ley fui perseguidor de la Iglesia» (Flp 3,5).

Tarso, la cuna de Pablo
En tiempos de Pablo, Tarso era una ciudad importante, contaba doscientos mil habitantes, tenía varias actividades comerciales e importantes escuelas filosóficas. Saulo nació en esta ciudad hacia el año 5-10 d.C. De hecho, Lucas recuerda también que en el tiempo de la lapidación de Esteban, Saulo era todavía joven (He 7,58). Sus antepasados se habían establecido en Cilicia porque, como tantos otros judíos, habían huido de Jerusalén, y formaban parte de la comunidad judía de la diáspora (=dispersión) (Hch 22,25- 29).
El centro de encuentro religioso para estos creyentes era la Sinagoga, donde todos los sábados escuchaban, atentamente, las Escrituras y su comentario.
La familia de Saulo gozaba de buena posición. Fabricaban tiendas para los soldados romanos, que pagaban muy bien.
Sus padres, como fieles judíos, lo mandan a Jerusalén siendo todavía adolescente, para que aprenda la Ley de los mejores maestros de la época. El maestro de Pablo fue Gamaliel, al que se recuerda en los Hechos de los Apóstoles por su sabiduría y tolerancia (Cf. Hch 5,34).
Su juventud en Jerusalén
Saulo llegó a Jerusalén, tal vez, entre los años 15/20. En la escuela del gran maestro Gamaliel aprendió el estudio de la Escritura, que consideraba el mayor bien de su existencia, y las aplicaciones a los varios casos de la vida. Se hizo fariseo observante y valiente defensor de la Ley. No sabemos si conoció a Jesús en Jerusalén o si oyó hablar de Él. Los testimonios que disponemos nos presentan a Pablo en conflicto con la comunidad cristiana, nacida después de la muerte y la resurrección de Jesús.
Pablo no tenía ningún interés en perseguir a Jesús, a quien consideraba muerto, pero no podía aceptar a sus secuaces que afirmaban que estaba vivo y daban a conocer su enseñanza, a menudo en contraste con las normas hebreas. A los cristianos de Galacia –parte de la actual Turquía– escribe Pablo:

«Conocéis mi conducta anterior dentro del judaísmo: con qué crueldad perseguía y trataba de aniquilar a la Iglesia de Dios» (Gal 1,13).
Saulo era un judío practicante y defendía la fe sobre la cual basaba su vida. Era la fe en el Dios de sus padres: Abrahán, Isaac, Jacob, y los profetas. Esta fe se hacía oración en los salmos, que Saulo con toda la fuerza de su corazón. Saulo consideraba la Torah (=ley de Dios contenida en el Pentateuco) como el camino seguro para expresar a Dios su amor y su fidelidad. Ponía todo su esfuerzo en observarla, hasta el punto de poder decir: «Mi vida es la Ley».
Precisamente en Jerusalén, centro de la fe hebrea, los seguidores de Jesús de Nazaret afirman que las promesas de Dios se han realizado en aquel Jesús que los maestros hebreos habían juzgado falso profeta y por eso lo habían hecho crucificar. ¡Y sus seguidores lo anuncian como resucitado! Saulo aprueba la reacción de los que deciden exterminarlos, porque no se puede blasfemar el nombre de Dios. Y querría ser el mayor exterminador de esta peligrosa secta. La reacción contra este nuevo grupo llega al colmo con la lapidación de Esteban, primer mártir creyente en Jesús. El joven Saulo está allí para animar a los que tienen el permiso de lapidarlo. Con la esperanza de que esta “secta” no eche raíces en Jerusalén, pide también él autorización para ayudar a destruirla.
Estas noticias nos informan que Saulo vivió su adolescencia y su juventud en Jerusalén, frecuentando el templo, pero que conoció también la mentalidad romana, que era la cultura dominante. Por eso ha sido definido como la persona de las “tres culturas”.
Pablo y el ambiente cultural de Tarso
No sabemos si Saulo fue alumno de uno de los filósofos importantes de Tarso. Sus cartas, sin duda, manifiestan que usa con agrado el estilo de las discusiones (diatriba), común en la enseñanza de su tiempo, como también las comparaciones y las alegorías de los maestros griegos (Cf. la alegoría del cuerpo en 1Cor 12,13-37). Todo esto muestra que Pablo es deudor del pensamiento griego que ha respirado en su niñez. Esta riqueza cultural le permitirá anunciar la fe cristiana con términos comprensibles a las personas a quienes se dirige. Pablo es una persona culta, abierta a las discusiones públicas, al diálogo, capaz de orientar la reflexión en clave cristiana. El libro de referencia principal será siempre la Biblia, que para él era el Antiguo Testamento.

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