Cuentos y reflexiones para pensar la vida con profundidad.

EL ESPIRITU DE CRISTO VIVE EN NOSOTROS

Los discípulos recibieron el encargo de continuar la misión de Jesús en bien de los pobres y de toda la humanidad. Pero no tenían ánimo ni fuerzas para cumplirla. Se sentían muy ignorantes, muy pobres y muy cobardes. Después de subir Jesús al cielo ellos vivían juntos, pero encerrados en una casa por miedo a los judíos.

Pero Jesús, que nos conoce bien, ya había previsto esta cobardía. Por eso, antes de morir, prometió no dejarnos huérfanos. Prometió enviar al Espíritu Consolador. El Defensor, que permanecerá siempre con nosotros. El Espíritu de la Verdad.

Y así fue. En el día que llamamos de Pentecostés, cincuenta días después de la Resurrección, Jesús envió su Espíritu sobre los apóstoles. Y aquellos hombres recibieron una luz y una fuerza que les transformó totalmente. Ya no tienen miedo a nadie. Su valor ante los peligros es ahora heroico. Con toda paz predican que Jesús está de nuevo vivo. Y tienen la valentía de vivir realmente como hermanos. Desde aquel día existe la Iglesia.

Algo parecido debería pasar también con nosotros. El Espíritu de Jesús viene a cada uno de nosotros también y a la Iglesia toda, para hacernos seguir las huellas de Jesús.

El Espíritu nos anima cuando nos hundimos y queremos volver atrás. El pone en nosotros una actitud parecida a la actitud de servicio de Jesús. Desde el bautismo y la confirmación, El vive en nosotros, dándonos luz y fuerzas para que sigamos la obra de Jesús.

El Espíritu de Jesús se manifiesta en la sabiduría de los humildes; en la alegría de los que combaten por la justicia y la paz verdaderas; en la fortaleza de los presos y torturados por defender la causa de los pobres; en la fuerza del campesino cultivando su tierra; en el amor de los que combaten el odio de los opresores; en el gozo del pueblo que conquista poco a poco su dignidad y su libertad.

Necesitamos fortalecer en nosotros la presencia del Espíritu de Jesús. Reflexionemos sobre todo ello. 

Espíritu

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