Vamos a ver lo que muchos estudiosos llaman una danza, un baile de amor. Es un canto de alegría, de admiración del encanto del amor. Pero leamos, o mejor, oigamos el texto mismo (7,1- 8,4).CORO Vuélvete, vuélveteSulamita,vuélvete, vuélvetepara que te veamos.ELLA ¿Qué miran en la Sulamitacuando danza en medio de dos coros?CORO Tus pies hermososen las sandalias,hija de príncipes ,esa curva de tus caderascomo collareslabor de orfebre.Tu sexo, una copa redonda,rebosando licor;y tu vientre, montón de trigo,rodeado de azucenas,tus pechos como críasmellizas de gacela,tu cuello es una torre de marfiltu cabeza se yergue semejante al Carmelo,tus ojos, dos albercas de jesbón,junto a la Puerta Mayor,es el perfil de tu narizigual que el saliente del Líbanoque mira a Damasco,tus cabellos de púrpuracon sus trenzas cautivas a un rey .El ¡Qué hermosa estás, qué bella,qué delicia en tu amor!Tu talle es de palmera,tus pechos, los racimos.Yo pensé: Treparé a la palmeraa coger sus dátiles.Son para mí tus pechoscomo racimos de uvas,tu aliento, como aromade manzanas¡Ay, tu boca es un vino generosoque fluye acariciandoy me moja los labios y los dientes!ELLA: Yo soy de mi amado.Y él me busca con pasión.Amado mío, ven, vamos al campo,al abrigo de enebros pasaremos la noche,madrugaremos para ver las viñas,para ver si las vides ya florecen,si ya se abren las yemas.¡Oh, si fueras mi hermanoy criado a los pechos de mi madre!Al verte por la calle,te besaría sin temor a burlas,te metería en la casa de mi madre,en la alcoba de la que me crió,te daría a beber vino aromado,licor de mis granados.ELLA: Pone la mano izquierdabajo mi cabeza,y me abraza con la derecha.EL: ¡Muchachas de Jerusalén,las conjuroque no vayan a molestar,que no despierten al amor,hasta que él quiera!Todos estos versos no son más que expresión de entusiasmo, de la exaltación, de la locura de amor.El amor todo lo transforma, el amor nos reconcilia con la vida. El amor nos hace disfrutar mejor el encanto de toda la vida.En el relato de la creación del primer capítulo del Génesis, después de cada obra creada se repite cadenciosamente el estribillo: «y vio Dios que todo era bueno», pero cuando Dios creó al hombre y a la mujer, se dice: «y vio Dios que todo era muy bueno». Hombre y mujer, o para ser más exactos, varón y hembra, es decir el hombre y la mujer con sus particularidades sexuales son imagen de Dios. El ideal y la meta es contemplar esos cuerpos con los ojos de Dios; con la mirada limpia de engaño, limpia de egoísmo, limpia de afán de dominación. Estos versos sagrados son una invitación a contemplar y a gozar de la obra bella de Dios.En las bodas judías había danzas. Era un estallido de alegría. El centro de la fiesta era la novia. Como lo muestran estos versos, a ella se le pedía, que se dejase admirar, que les permitiera gozar de su belleza: «Vuélvete, vuélvete. Sulamita, vuélvete, vuélvete, para que te veamos». Incluso la traducción conserva un ritmo, que a gritos está pidiendo el acompañamiento de la música.Ella se sabe bella, ella quiere disfrutar con toda la alegría de ese día. Si ella pregunta qué es lo que miran en ella, no es por inocencia, es un truco (literario), para que se empiece a describir su belleza. Sin vulgaridades, pero sin puritanismos, se nos describe la belleza corporal de la mujer.No es un cuerpo que se vende, es una mujer lo que se admira. No es un medio de seducción y de propaganda, es una mujer que goza y sabe compartir la alegría.Se ha querido identificar a la Sulamita: ¿Quién es y por qué se llama así? Que si es de Sunam, que si es el femenino de Salomón, pero en realidad no hay ninguna respuesta convincente, y tal vez ni haga falta, basta con tener en cuenta, que toda mujer, de todo tiempo, puede ser la Sulamita.
Rasgo por rasgo de lo que más llama la atención, parte por parte del encanto femenino es cantado por el coro: sus pies de hija de príncipe, sus pies nobles, impresionantes, sus partes suaves y curvas: «lo que embriaga y enloquece a los hombres es la curva de tus caderas», y en ellas se describe, se ve una obra de arte. Sus ojos grandes, su nariz bien definida, su cabellera, su cuello blanco, su majestad, su vitalidad. Ella tiene la majestad y la vitalidad de una cordillera, y algo más.No sólo se nos describe lo que los ojos alcanzan a ver en una novia que goza de fiesta de bodas, sino toda su persona. Se canta a todo el cuerpo de la mujer, se canta a toda su belleza, se canta a la belleza como los hombres y las mujeres quisieran que fuera, se canta a la juventud y a la frescura de sus pechos. Se canta al encanto y a la fecundidad de su vientre, a su capacidad de vida, pero también a lo que en hebreo se dice «Shor», que bien puede ser el ombligo como símbolo de sensaciones y estímulos eróticos, o bien puede ser lo que los árabes llaman Sir, o sea la parte pudenda de la mujer. Tal vez éste sea el significado más exacto, porque se dice de ella, que es una copa redonda, y en hebreo servirse de una copa es una manera delicada de expresar la unión sexual. A esto añádase que se dice, que rebosa licor, y ésta es también una figura para expresar el deleite carnal.En otras palabras, se canta a toda la belleza y a todo el encanto de la mujer, sin despreciar o devaluar algún aspecto de ella.Ante la observación de tanto encanto el amado estalla en una canción de admiración. El se da cuenta del esplendor de su amada. Cada instante que pasa la encuentra más hermosa. Ella es para él como una palmera, ella tiene para él la esbeltez, la estatura y la elegancia de una palmera. Ella es para él el encanto de sus ojos como la palmera siempre verde, siempre llena de vida. El se acerca a su boca y siente el perfume del respiro. Si se acerca a su boca y siente el perfume del respiro, él se acerca a su cuerpo y ve en ella la unión de todos los colores y sabores. Ahí ve concentrada la belleza y el esplendor del universo, quisiera estar con ella, quisiera estrechar su cuerpo, quiere colmar sus ansias y su sed con ella. Busca como un remanso el frescor de sus besos, busca la vitalidad, la suavidad de sus pechos. Su belleza es sabor y aroma. Busca en ella toda clase de besos y caricias, espera hallar en ella el gozo de una fruta exquisita, quiere embriagarse de ella. Ella le trastorna la vida. En ella, en su cercanía corporal está la fuente de su dicha. Por eso quiere él estar con ella. Ella reconoce la pasión de su amado y le muestra su total disposición. Ella no puede ser indiferente a tanto amor, por eso ella lo invita a gozar todo su amor.En los versos 12 y 13 aparecen las vides florecidas, las yemas de las rosas, los granados en flor. Todos estos eran términos para indicar el encanto y los estímulos amorosos provocados por la mujer.Por eso podemos decir, que en nuestro canto la amada responde con una invitación a la consumación del amor, a gozar de su encanto, a tomar parte en la fiesta de la vida, a gozar el renuevo de la vida, a disfrutar juntos de todo lo que hay de bello en la tierra, a gozar en libertad, sin que nada ni nadie les estorbe. La respuesta de ella es la invitación al amor, cuando y donde todo está incitado a ello.Ella quiere que gocen el amor, el amor que florece como la primavera. Junto a ellos estarán los «dûda’îm», es decir, los frutos que los antiguos asociaban con el amor. Todo les hará pensar en todas las frutas, es decir, en toda clase de caricias y dulzuras que ella ha reservado sólo para él, sólo para su amado.A él, embriagado de amor, ella responde con la misma exaltación. Ella le expresa su deseo de cercanía, de que todo los una, de que nada los separe. Ella le dice claramente, que también ella desea que se logre la unión de sus cuerpos sin que haya traba alguna. Ella quiere darle a beber de la fuente, que es su cuerpo.Cuentan que un día, asomado a su ventana, Juan XXIII al ver que en la Plaza de San Pedro caminaba una pareja de enamorados besándose, llamó a su secretario y le dijo: «Mire, Monseñor, les voy a dar una bendición, para que así se quieran toda la vida». Dios quiera, que esta lectura y este comentario les ayude a renovar y a fortalecer en ustedes este tipo de amor.
La danza del amor -CANTAR DE LOS CANTARES-


