Dedicatoria: Este cuento/parábola está dedicado a las personas que se han dedicado a lo largo de éstos años a difamar, a chismorrear, a comentar más de lo necesario, a juzgar y sobre todo a difundir contenidos a diestra y siniestra… sobre la vida de los demás.
Estaba haciendo fila para pagar en el banco y oí cuando 3 señoras que estaban delante de mí, y que parecían madre e hijas, hablaban y hablaban de Raimundo y todo el mundo: Que Juan estaba gordo, que María había cambiado de trabajo, que Ana se había teñido el pelo y bla, bla, bla, y entonces la más vieja de las tres les hizo un ademán para que se acercaran y susurrando dijo: si supieron que Pablo, el hijo de Mónica, lo van a echar del colegio porque lleva 7 materias perdidas? – No me extraña – respondio la más bajita. – Es que el pobre es de un BRUTOO- añadió. Ay mijita, qué se puede esperar de un hijo ese papá que no sirve para nada y “de tal padre tal astilla”.
QUE HORROR¡¡¡ Así, de una, rotularon al niño como PERDEDOR. Lo condenaron sin derecho a defenderse, sin derecho a la réplica. Y entonces me acordé de un cuento que me contó mi mamá hace muchos años y que ilustra lo que sucede cuando rajamos de alguien. El cuento dice así:
- Una señora se acerca al confesionario para pedir la absolución de sus pecados y le dice al sacerdote: “Padre, me acuso de haberle quitado la honra y la fama a fulanita”
- El sacerdote le respondió: Hija, para poder darte la absolución vas a hacer lo siguiente:
- Vas a comprar una gallina, te la llevas para la cima más alta apenas llegues, le quitas una a una todas las plumas. Después, tomas cada una de las plumas y las lanzas al viento. Luego, recorres toda la ciudad y recoges cada una de las plumas que lanzaste. Regresas a la cima, tomas la gallina y le vuelves a pegar, en el mismo lugar, una a una TOOODASS las plumas que le arrancaste.
- Cuando la señora oyó esto, abrió unos ojos enormes y con voz asustada exclamó:
- ¡PADRE, ESO ES IMPOSIBLE!
- Y el sacerdote añadió: Y sin embargo es más fácil que devolverle la honra y la fama a alguien.
Si no tenemos nada bueno que decir de alguien, mejor quedémonos callados.