Se cuenta que Assad –Abu-Carib, rey del Yemen, hallándose cierto día descansando en el amplio mirador de su palacio, soñó que había encontrado a siete jóvenes que caminaban por una senda. En cierto momento, vencidas por la fatiga y por la sed, las jóvenes se detuvieron bajo el ardiente sol del desierto. Surgió en ese momento una hermosa princesa que se aceró a las peregrinas llevándoles un cántaro de agua pura y fresca. La bondadosa princesa sació la sed que torturaba a las jóvenes y éstas, reanimadas, pudieron reanudad su interrumpida jornada.
Al despertar, impresionado por ese inexplicable sueño, determinó Assad –Abu-Carib llamar a un astrólogo famoso, llamado Sanib y le consultó sobre el significado de aquella escena a la que él rey poderoso y justo – había asistido en el mundo de las visiones y de las fantasías. Y dijo Sanib, el astrologo: “¡Señor!, las siete jóvenes que caminaban por la senda eran las artes divinas y las ciencias humanas: la pintura, la música, la escultura, la arquitectura, la retórica, la dialéctica y la filosofía. La princesa caritativa que las socorrió era la grande y prodigiosa matemática”. “Sin el auxilio de la matemática – prosiguió el sabio- las artes no pueden avanzar, y todas las otras ciencias perecen”. Impresionado por estas palabras, determinó el rey que se organizaran en todas las ciudades, oasis y aldeas del país centros de estudios de matemáticas.
LA MUSA MATEMATICA
