Cuenta una historia del este africado que un mujer solía pasear por su pueblo llevando siempre la Biblia consigo. ¿Por qué andas siempre con la Biblia? – Le preguntaron sus vecinos, puedes leer también otros libros. La mujer se arrodilló, alzó la Biblia y dijo: Por supuesto que podría leer otros libros, pero este es el único libro que me lee a mí.
Esta leyenda reconoce que en la Biblia se encuentra una Palabra que da sentido a la vida del hombre sobre la tierra, que lee nuestra existencia. La Biblia es la carta amorosa de Dios al hombre, de un padre a su hijo. Ese Libro Santo nos regala el poder de encontrarnos con su Autor, y mensaje, y descubrir el sentido de nuestra vida, como personas, como cristianos y como humanidad.
San Juan identifica a Jesús con la Palabra, el Verbo por excelencia. Es más, todo fue hecho por Él, nos dice en el prólogo – pero vino a los suyos y los suyos no le recibieron. Y añade, “pero cuantos le recibieron, les dio el poder de ser hijos de Dios”. Pues bien, si así son las cosas, ¿por qué el hombre quiere vivir como si Él no existiera? Vivir como si Dios no hubiera dicho su Palabra, como si no supiéramos cuál es su voluntad, ni su plan para nosotros. ¿Por qué la cultura y la vida moderna quieren inculcar un estilo de vida que nada tiene que ver con el Evangelio de Jesucristo?.
Los valores de nuestra época están desplazando la Buena Nueva de Jesucristo. Si el evangelio promueve el amor a todos, la sociedad nos dice que lo importante es la satisfacción propia. Ante la solidaridad se publicita el egoísmo; ante la esperanza, se promueve el presente como absoluto; ante la justicia, la ley más fuerte o el poder del dinero. Sin embargo es posible una vida en Cristo que tiene su piedra fundamental en la Palabra de Dios, revelada a los hombres para que tengamos vida y vida en abundancia.
V.L.
LA BIBLIA CARTA DE DIOS
