Cuentos y reflexiones para pensar la vida con profundidad.

TÚ ME PIDES QUERER Y TE HE QUERIDO

Si clamo a ti, Señor, ¿no has de escucharme
tú de quien es la inmensidad oído?
¿Tú que la hirviente mar has contenido,
no has de poder el corazón calmarme?
¿Un átomo de luz no podrá darme
ése que tantos soles ha encendido?
¡Pues cómo has de dejar, Señor, mi vida 
¡ay! ciega y sin consuelo y desoída!

Yo me acerco hoy a ti; yo estoy contigo; 
sumiso el corazón tengo a tu lado,
pasión, orgullo y penas han callado, 
no hay más que fe por ti, no hay más conmigo: 
ordéname; una voz y yo te sigo 
¿Qué me quieres decir, qué me has hablado?
¡Por qué mi ruda y tarda inteligencia
no basta a percibir su dulce esencia!

Yo que te adoro a ti desde la infancia, 
yo que te busco en incansable anhelo, 
yo que más que a la tierra miro al cielo, 
yo que a tu gloria aspiro en mi constancia,
¿he de perder, Señor, por la ignorancia 
de no entender tu voz, tu gran consuelo? 
¿He de ofenderte, he de labrar mis penas 
por no escuchar bien claro qué me ordenas?

Mas tú no hablas jamás; no por acentos
tu voluntad al universo explicas; 
tienes en tu saber notas más ricas 
para expresar tus altos pensamientos; 
hablan por ti, Señor, los sentimientos 
con que alivias el alma o mortificas,
y yo en ese lenguaje he comprendido 
que me pides querer y te he querido.

Tú nos pides amor, amor constante 
de agradecido pecho justo pago, 
tú que una vida das por un halago,
tú de la humanidad eterno amante, 
¿y antes quieren, Señor, que el alma errante 
se fatigue de error en error vago, 
que tener por consuelo en este mundo 
cariño tan dulcísimo y fecundo?
Aquí abajo, del mundo habitadora, 
dicen, Señor, que hay una docta gente 
que no te reconoce, no te siente, 
que no te admira, que jamás te adora; 
que no te rinde gracias ni te implora
en el placer, en el dolor vehemente; 
mas, fábula del mundo es torpe y vana, 
porque no puede haber tal raza humana.

Pues al darnos la luz, belleza tanta 
como a su inmenso rayo percibimos;
¿ignoramos, Señor, que la debimos 
a un ser que desde el polvo nos levanta? 
Tu grande majestad suprema y santa 
nuestros ojos no ven, mas la sentimos: 
el genio puede errar, cuando te niega,
pero no el corazón, cuando te ruega.

Existes, y las gentes lo entendemos, 
desde la misma cuna te adoramos, 
mas ¿sabes por qué luego te olvidamos? 
Por malicia, señor, porque tememos;
no nos place tener jueces supremos 
porque mejor sin leyes nos hallamos, 
y antes que resignarnos a la pena 
negaremos al Dios que nos condena.

Pero yo que te amé desde la infancia,
yo que te busco en incansable anhelo, 
yo que más que a la tierra miro al cielo, 
yo que a tu gloria aspiro en mi constancia; 
acudo a tu saber en mi ignorancia, 
acudo en mi aflicción a tu consuelo,
y es tal la fe con que te ruega el alma 
que en esta misma fe logra la calma.

Deja un comentario

Descubre más desde Adelmo Vásquez · Existencia Pensada

Suscríbete ahora para seguir leyendo y obtener acceso al archivo completo.

Seguir leyendo