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«Ni machismo Ni feminismo» -viva la complementariedad

Tengo cierto reparo al hablar del “feminismo”, porque para algunas personas, es un tema un tanto vidrioso, y, sobre todo, despierta reacciones rápidas y verbalmente violentas. No obstante, voy a decir lo que pienso, porque, de lo contrario, no sería honrado conmigo mismo, ni valdría la pena escribir. Si otros piensan de manera distinta, yo lo respeto.

El Feminismo se define como una ideología y un conjunto de movimientos políticos, culturales y económicos que tienen como objetivo la igualdad de derechos entre hombres y mujeres. Es, por tanto, un conjunto de corrientes muy diversas, por eso, parece  más correcto hablar de “feminismos” que de “feminismo” en singular”.

Fundamentalmente se trata de la igualdad de derechos y oportunidades entre hombres y mujeres. Algo que, hoy día, parece tan lógico y normal, pero que han sido necesarios muchos siglos, para poder asimilar este principio tan básico y elemental.  Es verdad que todavía quedan resistencias en personas e instituciones. La Iglesia admite, teóricamente, esa igualdad de géneros. Pero le cuesta llegar a ponerlo en práctica en algunos casos. Ahí tiene un largo camino a recorrer; nada fácil, pero urgente. Digo que “nada fácil” porque una historia de siglos se resiste a cambiar las mentalidades. Y digo que es “urgente”, porque la sociedad va más deprisa, y la iglesia corre el riesgo de quedar marginada por falta de adaptación, por falta de lógica, y por falta de ese “aggiornamento” que, al menos, desde el Concilio Vaticano II, se está gritando.  A ello se debe el título «Ni machismo Ni feminismo». No creo que sean dos términos antagónicos; mejor diría que son excluyentes. El machismo defiende la superioridad del hombre sobre la mujer, de donde se deduce que los derechos y obligaciones no pueden ser equivalentes. ¡Craso error! Acaso, en lo único que el hombre es superior, en principio, a la mujer, sea la “fuerza bruta”. Y si se hace hincapié en ese aspecto para negar derechos, tendríamos que deducir que una mula es superior al hombre porque tiene más fuerza.

La mujer ha demostrado siempre, que su capacidad intelectual y demás capacidades son semejantes a las del hombre. Y a lo largo de la historia lo ha demostrado, superándole en no pocas ocasiones y competencias. Lo mismo ocurre con el valor, con el sentido práctico de la vida cotidiana, y con otras muchas facetas que los apuntados al machismo niegan o no quieren ver. ¡Mala es la ceguera, sobre todo si es voluntaria! No creo que se trate de comparar, porque cuando se hacen comparaciones, siempre una de las partes queda en inferioridad.

El feminismo, llevado a extremos reivindicativos y violentos, no me parece que sea el camino óptimo para llegar a la igualdad. Cuando en términos políticos se habla de “paridad”, a la hora de repartir cargos en una empresa, en un gobierno, etc… creo que no se está enfocando acertadamente la igualdad de hombres y mujeres. ¿Qué razón hay para que haya igual número de mujeres y de  hombres? Mientras se mantenga esa ideología, se estará haciendo un flaco favor al feminismo. Si se dice que somos iguales, que gobiernen los mejores, sean de un sexo o de otro.

Por otra parte, no cabe duda de que existe una cierta diferencia entre hombre y mujer, debido a su distinta sicología, sus condiciones físicas, etc. Habrá que respetar y reconocer la diversidad, que es una riqueza, pero que nada tiene que ver con la igualdad en el amplio orden social, cultural, político, económico…

Por todo ello, pienso que hay que hablar (y actuar) en igualdad de condiciones. ¿Qué razón puede haber para que la mujer, por el mismo trabajo, tenga un menor salario? ¿Qué razón puede haber para que en puestos de responsabilidad se tenga cuantificar el número de mujeres en orden al número de hombres elegidos? Ni machismo, ni feminismo: igualdad. Pero mientras uno de los dos “ismos” prevalezca sobre el otro, no habrá justicia, y seguirá esa guerra absurda que no conduce a nada.

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