Con ejemplo de humildad
lavo los pies del amigo,
con la mayor castidad
perdonando a su enemigo.

El huerto de los olivos
fue testigo de su llanto,
sus pensamientos cautivos
quedaron sobre su manto.

Judas y la muchedumbre
llegaron para apresarlo,
y ya como era costumbre
Judas se inclino a besarlo.
Con un beso lo entrego
y en su puño las monedas
sonaban por que triunfo
al ver sus lagrimas quedas.

Pedro Simón lo seguía
y el gallo cantó tres veces,
recordó lo negaría
se acobardo sin dobleces…