Hay que tener valor y autoridad para hablar así. Pocas veces nos trasladamos a las circunstancias y al escenario en el que se desarrollan estos diálogos. Jesús es tajante y habla sin pelos en la lengua. No tiene ningún reparo ni temor en llamarles mentirosos a los judíos en su misma cara. ¿Por qué se atreve a tanto? ¿Es preciso? ¡Sí! Porque el Señor nos está dando una lección a nosotros. La discusión en realidad es con nosotros, con nuestra necedad, nuestra terquedad y nuestra incredulidad. Pretendemos que somos cristianos y que llevamos una vida digna y propia de buenos cristianos y sin embargo es mentira, es falso, porque hemos acomodado todo a nuestra conveniencia. No toleramos estas exigencias de Jesús. Muy rápidamente las leemos (si lo hacemos) y las omitimos de su mensaje, bajo el pretexto de la “interpretación que hay que hacer de lo que dijo”, terminamos por tergiversar el mensaje y acomodarlo perfectamente a nosotros, haciéndolo lo suficientemente inocuo, como para que calce y nadie nos culpe. Sin embargo, el Señor habla muy claro y nos advierte de estas tretas, que podrán engatusar a cualquiera, pero no a Él. «En verdad, en verdad os digo: si alguno guarda mi Palabra, no verá la muerte jamás».
AUTOR
AVINU
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