OH, CRISTO JESÚS!, en tu benignidad y en tu Humanidad sustentas verdaderamente toda la implacable grandeza del mundo. Y en virtud de todo eso, en virtud de esa inefable síntesis, realizada en ti, de todo lo que nuestra experiencia y nuestro pensamiento no se hubiesen atrevido jamás para adorarlo: el Elemento y la Totalidad, la Unidad y la Multitud, el Espíritu y la Materia, lo infinito y lo personal, en virtud de los contornos indefinibles que esa complejidad confiere a tu Figura y a tu Acción, mi corazón, enamorado de las realidades cósmicas, se entrega apasionadamente a Ti.