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«EL PUNTO OMEGA» DE Teilhard de Chardin -cosmología-

Mientras algunos estudiosos han considerado que la incidencia de la cosmología como ciencia sobre la teología no puede de ninguna manera concernir a la teología trinitaria como tal, pensamos que el problema sobre las relaciones entre Dios y mundo encuentra en el misterio trinitario un punto de referencia de capital importancia y de gran valor. En especial, creo que la nueva imagen del mundo -dinámico-orgánica o en evolución- plantea un desafío concreto: el de considerar simultáneamente el «Todo», las «Partes» y el «dinamismo relacional» que resulta del encuentro entre ambos. Un enfoque que -como hemos visto en nuestro trabajo- apela, de una u otra manera, al misterio de la Trinidad.

Gracias al misterio trinitario, el problema sobre las relaciones entre Dios y Mundo puede explicarse convenientemente, quedando salvaguardada tanto la trascendencia como la inmanencia divina. Porque si Dios no fuese trino, no podría asumir lo distinto de sí; no podría existir simultáneamente inmerso en el mundo siendo a la vez el principio absoluto de cuanto existe, independiente y distinto de todo.

Asimismo, la peculiaridad de Teilhard al afrontar el problema del «Todo» y «las partes» en una visión de conjunto, encuentra en el misterio de la Trinidad el paradigma idóneo, ya que, por ser un misterio de «inclusión» que hace referencia a la capacidad inherente de asumir en sí la diferencia, es el misterio que hace posible la explicación de la coexistencia de perspectivas distintas sin que por ello se vea deteriorada una por la otra: la Fe, que ilumina la totalidad del misterio divino; la ciencia, que ayuda a comprender los secretos específicos del mundo, y la filosofía, que se hace necesaria para explicar dicha relación dinámico-recíproca. El trinomio indivisible y distinto en sus elementos es aquel desde el cual puede enfocarse adecuadamente el problema sobre la «unión diferenciada» propuesto por Teilhard en su peculiar proceder metodológico, que desafía a no permanecer en una perspectiva cerrada sólo en el Todo «o» únicamente en las partes.

En síntesis: el «cambio de perspectiva» es ciertamente un desafío que tiene que asumirse, no sólo para analizar con una mayor apertura y con un espíritu más dialogante los problemas teológicos que nuestro Autor ha planteado, sino fundamentalmente para armonizar el «Todo», las «partes» y su «dinamismo relacional» en una «visión de conjunto», en la que pueda realizarse, sin confusión y sin mezcla de ningún tipo, la reconciliación entre «Ciencia-Filosofía-Teología» para comprender mejor la relación entre «Mundo-Porvenir-Dios».

El objetivo principal -después de haber leído un breve estudio sobre la persona de Teilhard, su obra e interpretaciones- es el de plantear su cosmovisión en una clave de lectura trinitaria. Dicha propuesta -con los límites propios que comporta-, ha querido ser también un modesto estudio realizado en vistas a replantear, en un futuro, el pensamiento de este gigante «Teilhard»

Quisira terminar poniendo de relieve el «modo con el que Teilhard habla de las cosas terrenas», pues su manera de mirar el mundo y, por tanto, en su hablar, en su sentir y en su actuar «mundanos», se transparenta su profunda experiencia de la presencia desbordante y transfigurante de Dios. Una experiencia desde la que proclamó, como verdadero evangelio, la transformación de todo el Universo. Este fue el «mensaje esencial» de Teilhard que, con celo misionero, supo vivir y comunicar:

«Hay una manera de mirar el Mundo que no nos deja ver en él más que una suma de elementos mal compaginados o enemigos. Por todas partes en torno nuestro, parece, la incurable separación y el antagonismo innato. Por todas partes lo vil mezclado con lo precioso, el trigo con la cizaña. Por doquier la inutilidad, el desecho, el residuo… […]. Yo quisiera ser, Señor, por lo que toca a mis humildísimas posibilidades, el apóstol, y (si me atrevo a decirlo) el evangelista «de tu Cristo en el Universo». Desearía, por medio de mis mediaciones, de mi palabra, por la práctica de toda mi vida, descubrir y predicar las relaciones de continuidad que hacen del Cosmos en que nos agitamos un medio divinizado por la Encarnación, divinizante por la comunión, divinizable mediante nuestra cooperación. «Llevar a Cristo, en virtud de los lazos propiamente orgánicos, hasta el corazón de las Realidades consideradas como las más peligrosas, las más naturalistas, las más paganas. He aquí mi evangelio y mi misión»»

 El Punto Omega considerado por Teilhard como centro de convergencia

 La «Weltanschauung  (Propia concepción del mundo de un individuo, un pueblo o una época histórica)  estática» de estructura dual y su repercusión en la interpretación de la historia

La «Weltanschauung dinámico-orgánica» propuesta por Teilhard.

La estructura del Punto Omega desde una perspectiva trinitaria

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