Otra vez, te conozco, me has llamado.
y no es hora, no; pero me avisas.
de nuevo traen celestiales brisas
claros mensajes al acantilado
del corazón, que, sordo a tu cuidado,
fortalezas de tierra eleva, en prisas
de la sangre se mueve, en indecisas
torres, arenas, se recrea, alzado.
Y tú llamas y llamas y me hieres,
y te pregunto aún, Señor, ¿qué quieres,
que alto vienes a dar mi jornada?.
Perdóname si no te tengo dentro,
si no sé amar nuestro mortal encuentro,
si no estoy preparada a tu llegada.
