Cierto día viajaba escuchando esta canción en el iPod. Sentados delante de mí iban un niño de unos cuatro años y su mamá. Reconozco que no pude evitar bajar la música para escuchar su conversación.
La madre trataba de que el niño se comiera un plátano y éste a regañadientes abría la boca. Tras dar un par de mordiscos dijo:
– Mamá, ¿Por qué papá y tú que son mayores y no les dan miedo los monstruos pueden dormir juntos y yo que soy pequeño y tengo pesadillas debo dormir solo?
Se hizo el silencio. No me habría gustado estar en el lugar de la madre. ¿Qué respondes a eso? Es increíble la lógica aplastante de los niños en muchos casos.
– Hijo, porque tu padre y yo nos conocemos hace mucho tiempo.
¡Vaya respuesta! – pensé yo-. El niño no se quedó nada convencido pero estaba entretenido viendo dibujos en el iPad.
– Yo también les conozco hace mucho tiempo. Todo el tiempo. Les conozco desde que nací.
– Sí pero los padres duermen en su dormitorio y los hijos en el suyo y punto. Y si duermes solito nadie te molesta.
– Pues a ti te molestan los ronquidos de papá, siempre lo dices, así que podías dormir también “solita”.
La madre hizo como que no le escuchaba. Pocos minutos después desearía haber seguido dando conversación a su hijo. Justo en el momento en el que una azafata del tren se acercó para pedirles los auriculares y el niño le preguntó:
– Y usted señorita qué va a tener, ¿Un niño o una niña?
Se pueden imaginar la cara de la azafata regordeta que no estaba embarazada y de la madre que no sabía dónde meterse.
– Hijo, si te callas un ratito esta noche duermes con nosotros.
Anoche volví a escuchar esta canción y me acordé de la historia. De la cara de picardía de aquel niño y la razón en sus palabras siendo tan pequeño. Tenemos tanto que aprender de ellos.
Fuente, sitio web: Cuando nadie me ve