Debo creer, porque amanece.
Porque es verdad
que el relojero más paciente sigue
dándole cuerda al Universo
sin que retrasen las estrellas (…).
Porque las flores en el campo nacen
sin que nadie las siembre.
Porque al morir los hombres que todo lo llenaron
puede ocuparse pronto su vacío
lo mismo que si no estuvieran muertos (…).
Porque hay otros mejores que yo que han conquis-tado
sus montañas altísimas de fe.
Una fe valerosa que tal vez consiguieron
pagándola en monedas de esperanza
con un precio ajustado por la muerte.
Quiero creer. He de tener paciencia
para no pretender que sea fácil
comprender el misterio, Señor, de tu grandeza.
Porque es verdad
que el relojero más paciente sigue
dándole cuerda al Universo
sin que retrasen las estrellas (…).
Porque las flores en el campo nacen
sin que nadie las siembre.
Porque al morir los hombres que todo lo llenaron
puede ocuparse pronto su vacío
lo mismo que si no estuvieran muertos (…).
Porque hay otros mejores que yo que han conquis-tado
sus montañas altísimas de fe.
Una fe valerosa que tal vez consiguieron
pagándola en monedas de esperanza
con un precio ajustado por la muerte.
Quiero creer. He de tener paciencia
para no pretender que sea fácil
comprender el misterio, Señor, de tu grandeza.