Cuentos y reflexiones para pensar la vida con profundidad.

Aprender a vivir = aprender a morir.

La vida funciona como las pilas, tiene un lado positivo y otro negativo, porque sin ese punto negativo nunca sabríamos lo que realmente es bueno.

Mientras transcurre nuestra existencia nos preocupamos por aprender a vivir y no está mal, pero lo malo que podemos encontrar es que nos olvidamos de aprender a morir.

Considero que cada vez que nos hemos empeñado por aprender a vivir bien es sin duda que hemos aprendido a morir. Este aprender, pienso que sea en la medida que tengamos que hacer una elección radical, elegimos una (vida) y dejamos pasar otra (muerte) y eso lo hacemos cada día desde los pequeños detalles hasta las grandes decisiones. Cuántas veces hemos tenido que elegir en dar vida a una y dar muerte a otra, hablo de las posibilidades en juego.

– Por ejemplo, cuando te enamoras de alguien, lo haces de un@ sola persona y no de dos al mismo tiempo, (es una elección radical) porque si eliges tener una vida a medias -enamorad@ de dos al mismo tiempo– amas a un@ y desprecias a/l/la otr@ y el engaño criminal no es a ningun@ de l@s dos, sino a ti mism@. A lo cual siguen las consecuencias ya conocidas: quedarse sol@, despreciad@ y sin nada. Y de ello se desprende una consecuencia peor aún, no haber vivido una opción específica y tal vez tendremos que dar razón a esta máxima: “El que mucho abarca poco aprieta”.

– En lo material, cuando decides hacer “algo” primero te ubicas en las coordenadas espacio-temporales y lo haces una a la vez, porque no podrás hacer dos cosas a la vez perfectamente o al menos con la menor cantidad de errores posibles.

Es muy congratulante para los padres ver a sus hijos que han aprendido a vivir, cuando saben discernir responsablemente entre una cosa y otra. Pero es mayor el gozo cuando podemos ver a personas que al atardecer de la vida saben “aceptar” sus debilidades, y tienen que renunciar a las actividades que normalmente realizaban, a las comidas acostumbradas, a los horarios agitados y  en general a las cosas que tienen que abandonar debido al desgaste diario de haber vivido con pasión.

Esta forma de “aceptar – vivir» con debilidades es en sí «dar muerte – renunciar» a la posibilidad de hacer tal o cual cosa como cuando el organismo estaba en condiciones normales. Este “aceptar”, no es resignación, sino “madurez personal” de haber aprendido a vivir y al mismo tiempo el haber aprendido a morir.

Aprender a vivir es lo mismo que aprender a morir. Porque cuando se nace, al mismo tiempo que comenzamos a vivir también comenzamos a morir hasta llegar a cierto momento en el que se encuentran la vida y la muerte. Este encuentro es el final para una (para la muerte), lo que significa que es la victoria decisiva de la vida, convirtiéndose de tal modo en vida eterna.

Hasta ahora hemos vivido poco o nada comparado a la eternidad. Por ello, lo curioso y penoso, es ver a personas que se desesperan cuando ven el calendario y se dan cuenta que ha pasado un día, una semana, un mes y luego un cumpleaños más como si a los 40 o 60 años se sellara negativamente nuestra existencia. Nos olvidamos a veces que la muerte simplemente es la victoria final de la vida sobre la muerte, porque mientras la muerte languidece en un instante, la vida se perpetúa hasta la eternidad.

Espero no haberte confundido excesivamente…

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