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| tributo a los abuelos |
Está visto que los viejos no están de moda. Lo que hoy interesa es la gente joven. Es la que impera en la publicidad, los modelos de vida y consumo, el ideal impuesto a nuestra sociedad. A ello se añade la costumbre de la jubilación anticipada, el desprecio fomentado por ciertos sectores que adoran la salud, la belleza física y el culto al cuerpo como ídolos irrenunciables, y en general la marginación a los que son sometidos por una población activa que los confisca en asilos y residencias.
Eso no fue siempre así. El papel, por ejemplo, de los seniores (senadores) en las cultura antiguas era bien preponderante. Basta releer De senectute de Cicerón para comprobar el aprecio por la aportación de madurez, buen criterio y consejo que se atribuía a la edad provecta.
Una de las facetas de este último tramo de la vida humana, quizás la más entrañable, es la de ser abuelos. Un papel fundamental en la vida de la familia que se ha ido complicando con las dificultades de la vida actual, porque, o no están al ser recluidos en residencia, o si están, no dan abasto con sus nietos, ya que los padres paran poco en casa.
¿Qué se puede decir de los abuelos? ¡Tanto y a la vez tan poco! Porque los abuelos han ocupado en nuestras vidas tal papel oculto, sencillo, pero tan eficaz y lleno de recuerdos, que sus rostros, sus dichos, ejemplos y ocurrencias permanecen grabados en nuestra alma de forma indeleble.
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| el encuentro de generaciones |
Quizás sólo un poema, un soneto al abuelo, porque sólo la poesía con su capacidad de sugerencia abierta pueda acercarse a la figura de ese personaje clave para la sociedad y la familia y reivindicar su rol en una sociedad cada vez más fría, solitaria y tecnificada. Pues, ¿qué sería de nuestro futuro si desterramos de la vida cotidiana a los abuelos?
Al borde de la vida y de la muerte,
transparente de piel y de mirada,
transmites la abundancia deseada
que rebosa tu ser nada más verte.
Tan cerca estás del niño y de su suerte
que, como a él, a ti te importa nada
esa ambición a la que vive atada
la multitud que pasa sin quererte.
De regreso de un mundo dolorido,
cuéntame aquella historia nuevamente,
y déjame que apoye en ti mi frente,
querido abuelo, en esta noche oscura,
pues me siento tan solo y tan perdido
como un rapaz en busca de ternura.