Llegó diciembre y dentro de poco estaremos por finalizar la segunda quincena y con este mes pasó la navidad, acompañada por las luces, los árboles, Papá Noel, el Niño Dios, los regalos, la música y la alegría. Podría decirse que es el mes más feliz del año, pero esa afirmación no es del todo cierta.
Para muchos la Navidad viene asociada con la tristeza, la depresión de fin de año, con una desazón y sentimiento de malestar que amarga su conducta durante esos 31 días, conducta que se ve reforzada a medida que avanza el mes llegando a su culmen en las fechas de navidad y año nuevo. A mayor cercanía de estos días, mayor el malestar.
A muchas personas esto les sucede porque en alguna parte de su ser, esperan que la Navidad sea de otra manera y no como la viven actualmente, quieren por llamarlo de alguna forma que esa época sea como ellos quieren y al suceder lo contrario se frustran amargando su corazón.
Así por ejemplo, una relación que no funcionó, la pérdida de un ser querido, una herida que aun no cierra, una situación económica incómoda entre otras hacen especialmente sensible a la persona que en estas épocas hubiese querido tener “aquella” relación estable y poder degustar de a dos estos días, o contar con la presencia de aquel ser querido y juntos prender la “Velitas” y cantar los villancicos, también verse libres de heridas que generan rencores y sin el peso de la culpa, de la ira o la rabia, estar livianos para poder decir gracias cuando les dicen felicidades, o estar en una mejor situación económica para poder disfrutar de compras y ver las sonrisas de alegría de los seres queridos cuando reciben los detalles que previamente se han comprado.
Al querer la alegría que se supone se respira en el ambiente por la época navideña y no conseguirla por no “tener” eso que se quiere para ser feliz esos días entonces se sufre llegando al lado opuesto del sentimiento decembrino, es decir a la tristeza, frustración, rabia e impotencia.
Me llama la atención que muchas personas apenas llegó el primero de diciembre se exaltaron, sus emociones se elevan y se embriagan de emoción. Sus actitudes son distintas, son más espontáneos y su sentimiento de alegría corre por sus venas, están felices. Sin embargo y en muchos casos también apenas son se hacen conscientes de que diciembre ya acabó, entran el “Depresión de Año Nuevo” pues la tristeza de la alegría que viene con diciembre ya se fue, y allí asumen la vida normal y rutinaria que habían dejando 31 días atrás, por allá el 30 de noviembre.
¿Es diciembre mágico o trágico?, ¿Es el espíritu navideño más amable con algunos y duro con otros?, ¿Por qué la exaltación de alegría y espontaneidad no viene con enero?, ¿Por qué enero para muchos es un mes frío?
No hay tales ideas. La alegría o la tristeza no vienen con el calendario. Para algunos la Navidad es alegría, para otros una estrategia comercial para sacarle más dinero a los ingenuos clientes que no hacen más que endeudarse y llenar las arcas de comerciantes que ávidos de más riqueza inventan nuevas estrategias para exprimir más a los pobres consumidores (así llegan a expresarse), para otros es la época de la tristeza y para unos cuantos más, estos días le son totalmente indiferentes.
Cristo decía: “Sean como Niños”, en otras palabras, no le coloquemos tantas trabas a la realización, no parcelemos nuestras alegrías ni condicionemos los corazones ante el raciocinio fuerte, duro y frío de la mal llamada en este caso Madurez Adulta. La felicidad, la espontaneidad no viene colgada de algún mes en particular del calendario, no se puede esperar a que llegue la Navidad para ser felices y asumir conductas que ennoblecen el corazón, puesto que esa idea es errónea, somos nosotros mismos, a través de nuestras decisiones internas que encapsulamos nuestra alegría espontánea, nuestro corazón noble para abrirla cada doce meses.
El Verdadero Espíritu Navideño está por encima de los meses, los días y los calendarios, puesto que la nobleza es perenne y permanente, no conoce de días y de noches, no sabe de sábados ni de Miércoles, no diferencia un enero de un Diciembre, porque las sonrisas siempre estarán allí para el que las quiera, y el corazón dadivoso no se amilana antes los actos de bondad sino que se acrecienta cada vez que se repite uno.
¿Y qué más da si alguien se inventa algo para acelerar el comercio? Si esta es una ocasión de esas que se presta para recordar los votos de ser feliz, de disfrutar de la vida, de rememorar la idea de la espontaneidad, siendo así pues ¡Bienvenida sea entonces! A veces por posiciones dogmáticas, ideas cerradas, pensamientos toscos nos negamos la vida que se va y no vuelve, negamos la posibilidad de disfrutar de una noche de luces que se encienden de diversos colores, nos negamos la sonrisa ante el placer de ver niños inocentes que se entusiasman ante tantos colores, y la inocencia de adultos que maduros saben disfrutar de los diversos momentos que vienen incorporados con la vida, con la vida de cada uno de nosotros.
Esa misma capacidad que tiene una persona para generar sentimientos de tristeza, frustración, rabia, incomodidad, es la misma capacidad con la que podría generar sentimientos de alegría, inocencia, espontaneidad y felicidad. La misma energía y fuerza que se utilizan para ensombrecer la vida en una época o momentos en particular, es la misma fuerza y energía que se necesitan para lograr todas esas emociones que vienen asociadas con el espíritu navideño.
Sé lo que se siente al perder un ser querido, sé lo que es encontrarse en situaciones económicas muy apretadas y difíciles, sé lo que es tener el corazón arrugado por la pérdida de un amor, o una traición, sé de las “Noches Oscuras del Alma” como decía San Juan de la Cruz, sé a qué sabe un día frío cuando está haciendo calor, sé que es recibir un abrazo y no sentirlo, sé qué es querer que una época fuera diferente, pero en el trasegar de la existencia noté que esta no va cambiar por mis opiniones contrarias a como ella es. Como dice Desiderata “Te guste o No, la Vida Marcha como Debiera”.
Y también sé de levantarse, de aprender a aceptar la vida con sus propios afanes y por eso te digo, no le sigas cargando al calendario la tristeza con una época que bien podría ser bella para ti. Esa decisión supone carácter de parte tuya. Siempre será más cómodo sentirse mal, entregarse a la tristeza, autosabotearse con recuerdos desagradables, y con pensamientos frustrantes de esos que dicen: “Todo sería mejor si…”
Implica carácter negarse a la tristeza, frustración y al mal sabor que deja la impotencia resultante de que las cosas no marchen como a veces quisiéramos, supone carácter levantarse de las propias cenizas, de esas que son producto de nuestras propias interpretaciones, de una negación interna, muy profunda, quizás imperceptible que nos justifica la conducta de sentirnos mal, al sentirnos con el derecho de entristecer nuestra alma por eventos que aunque ciertos, no pueden infligirnos más daño que el que nosotros les permitimos.
Sentir dolor es normal, es propio de reacciones que se acomodan a una nueva realidad, pero prolongarlo es inhumano, y aprovechar épocas especiales para incrementar el malestar es negarse a los beneficios del buen uso de la madurez y del carácter. Las épocas son especiales porque nosotros las hacemos así y la prolongación de esos estados emocionales y del alma en los demás meses depende también de nosotros.
Tú eres más grande que tus sentimientos, que tus pensamientos, que tus recuerdos para venir a ensombrecer una reunión familiar alrededor de la cena de navidad, empañar el canto de los villancicos o privarte de adornar tu espacio porque simplemente no crees en eso. La capacidad de disfrute, de deleite es innata en el ser humano, pero hay personas que racionales niegan su propia humanidad.
A la larga he aprendido que cuando las sombras se asoman en mi vida, en alguna parte antes le di permiso a la tristeza para que hiciera de las suyas, dejando que el decaimiento golpeara mi realización. Entendí que cuando eso pasa fue porque no estuve alerta, dejé de persistir en mi realización y me fui por el lado de la debilidad, entregándome a lo fácil, es decir sentirme mal, y no ser ni valiente ni heroico al mantener conmigo algo que por derecho es mío, es decir, mi realización, mi alegría, mi paz, mi espontaneidad.
Estamos en Navidad, llegaron las fiestas de fin año, para muchos sus vacaciones, las luces, los cantos de villancicos, la novena alrededor de un pesebre también son noticias que un nuevo año ya llega. Es una época que todos debemos vivir, porque un mes es igual a otros, lo que hace la diferencia entre uno y otro no es el mes, es la persona que toma la decisión de vivirlo, algunos plenamente y otros de manera pobre. Es tu decisión.
Sea pues la oportunidad para decirte si es tu caso que esta navidad no tiene porque repetir otras que han sido difíciles y han sido el marco de tristezas y frustraciones. No le endoses al calendario tus tristezas, la alegría no conoce de épocas, ten el coraje, la valentía, la madurez de comenzar este Diciembre con una nueva forma de vivir, es decir alegre, pleno, feliz.
De corazón te deseo para ti y los tuyos una muy FELIZ NAVIDAD 2013 Y UN PRÓSPERO AÑO 2014, que estas fiestas sean el preludio de un año cargado de animosidad, alegría, paz interior y mucha prosperidad en tu vida.
Una idea sobre “¿Es diciembre mágico o trágico?”
Gracias !!!
Igualmente…!!!