Sinceramente mi vida no es perfecta, ni siquiera se acerca o está en la dirección de la perfección. No soy perfecto. En realidad, soy un cúmulo de imperfecciones. Me gustaría –a veces de todo corazón- poder corregir esas imperfecciones; lo que yo sé que origina mis comportamientos, que provoca mis caídas, que me mantiene en mi camino. Supongo que por eso es por lo que he acudido a Ti. No he sido capaz de encontrar las respuestas por mí mismo.

Dios: Estoy contento de que hayas acudido a Mí. Siempre he estado dispuesto a ayudarte. Y lo estoy ahora. No tienes por qué encontrar las respuestas por ti mismo. Nunca has tenido por qué.

Pero parece tan… presuntuoso… sencillamente escribir un resumen de mi diálogo contigo de este modo… y mucho más imaginar que Tú -Dios- me respondes. Quiero decir que es una locura.

 Dios: Ya veo. Los autores de la Biblia estaban cuerdos, pero tú estas loco. 

Los autores de la Biblia fueron testigos de la vida de Cristo, y reprodujeron fielmente lo que vieron y oyeron.

Falso. La mayoría de los autores del Nuevo Testamento nunca conocieron ni vieron a Jesús en su vida. Vivieron muchos años después de que Jesús abandonara la tierra. No habrían reconocido a Jesús de Nazaret aunque se hubieran cruzado con él en la calle.

Pero…

Dios: Los autores de la Biblia fueron grandes creyentes y grandes historiadores. Recogieron los relatos que habían llegado hasta ellos y sus amigos de boca de sus mayores -quienes, a su vez, los habían oído a sus mayores-, hasta que finalmente surgió una recopilación escrita. Y no todos los autores de la Biblia fueron incluidos en el documento final.
Ya habían surgido las “iglesias” en torno a las enseñanzas de Jesús; y -como sucede siempre y dondequiera que la gente se agrupe en torno a una idea poderosa-  hubo ciertos individuos en el seno de dichas iglesias, o enclaves, que determinaron qué partes de la historia de Jesús bebían mencionarse y cómo. Este proceso de selección y corrección continuó durante toda la recopilación, redacción y publicación de los evangelios y la Biblia.
Incluso varios siglos después de que se consignaran las escrituras originales, un Alto Consejo de la Iglesia determinó, una vez más, qué doctrinas y verdades había que incluir en la Biblia oficial de entonces; y qué resultaría “malsano” o “prematuro” revelar a las masas.
Además, ha habido otras sagradas escrituras, cada una de ellas fruto de un momento de inspiración de hombres por lo demás corrientes, ninguno de los cuales estaba más loco que tú.

¿No estarás sugiriendo que estos textos podrían llegar a ser un día “sagradas escrituras”?

Dios: Hijo mío, Todo en la vida es sagrado. Desde esta perspectiva, sí, son sagradas escrituras. Pero no quiero hacer juegos de palabras contigo, pues sé lo que quieres decir.
No, no estoy sugiriendo que este manuscrito llegará  a convertirse un día en sagrada escritura. Al menos no durante algunos cientos de años, o hasta que su lenguaje no se vuelva anticuado.
Mira: el problema es que este lenguaje es demasiado coloquial, demasiado familiar, demasiado contemporáneo. La gente supone que, si Dios hablara directamente con uno, su voz no sonaría como la del vecino de al lado. La estructura del lenguaje debe poseer una matiz de unidad, por no decir de divinidad; un matiz de dignidad; una sensación de santidad.
Como he dicho antes, esto es sólo una parte del problema. La gente tiene una percepción de Dios como Alguien que “se manifiesta” de una única forma. Cualquier cosa que viole esta forma se considera una blasfemia.

Lo que yo he dicho antes.

Dios: Lo que tú has dicho antes.
Pero vayamos al fondo de la cuestión. ¿Por qué te parece una locura que tú puedas mantener un diálogo con Dios? ¿acaso no crees en la oración?

Sí, pero esto es distinto. Para mí, la oración siempre ha tenido una sola dirección. Yo pregunto, y Dios permanece inmutable.

Dios: ¿Dios no ha respondido nunca a una oración?

Bueno, sí; pero, mira, nunca verbalmente. Bueno, ha habido toda una serie de acontecimientos en mi vida de los que yo he estado convencido que eran una respuesta- una respuesta muy directa- a la oración. Pero Dios nunca me ha hablado.

Dios: Ya veo. Entonces, ese Dios en el que crees es un Dios que puede hacerlo todo, menos precisamente hablar.

Por supuesto que Dios puede hablar, si quiere hacerlo. Es sólo que no parece probable que Dios vaya a querer hablarme a mí.

Dios: He ahí la raíz de todos los problemas que experimentas en tu vida: que no te consideras a ti mismo suficientemente digno de que Dios te hable.
¡Cielo Santo! ¿Cómo puedes esperar nunca oír Mi voz, si no te crees a ti mismo lo suficientemente digno de que te hable?
Te lo aseguro: en este momento estoy haciendo un milagro; pues no sólo estoy hablándote a ti, sino a cualquiera que lea este libro y esté leyendo estas palabras.
En este momento estoy hablando a cada uno de ellos. Sé quién es cada uno de ellos. Sé quienes encontrarán su camino a través de estas palabras; y sé (como con todas Mis otras comunicaciones) Que algunos serán capaces de oír, y otros sólo serán capaces de escuchar, pero no oirán nada.

Bien; eso plantea otra cuestión… tengo dudas de seguir publicando estos encuentros contigo.

Dios: Sí. ¿Qué tiene eso de “malo”?

¿No me dirán que estoy creando todo esto en provecho propio? ¿Y eso no hará que resulte sospechoso?

Dios: ¿El motivo de que escribas esto es que podrás ganar mucho dinero?

No. No es por eso por lo que empecé a hacerlo. Inicié este diálogo sobre el papel debido a que mi mente ha estado acosada por una serie de preguntas durante tantos años; y estaba hambriento -más bien famélico- de respuestas. La idea de que podía hacer un libro con todo esto vino más tarde.

Dios: Te la di Yo.

¿Tú?

Dios: Sí. No creerás que voy a dejar que desperdicies todas estas maravillosas preguntas y respuestas.

No había pensado en eso. Al principio, sólo quería que mis preguntas fueran respondidas; que mi frustración acabara; que mi búsqueda terminara.

Dios: Bien. Entonces deja de cuestionarte tus motivos (cosa que haces incesantemente), y vamos con ello. Prepara todas tus preguntas que te prometo responderlas… prepárate eh!!!

Ok Dios, hasta la próxima

Un comentario

  1. Para mí sí son «sagradas escrituras»…

    jejeje

    Aunque las escribas con lenguaje tipo Rap…!!!

    Y, si no sigues escribiendo…

    Yo sí te echaré de menos…

    jejeje

    No me equivoqué… no me equivoqué… jejeje No me equivoqué… !!!

    jejeje

    Un abrazo HERMANO.

    Me gusta

Replica a miguel Cancelar la respuesta