Muchos piensan que al amor se opone el odio, eso no es verdad. Al amor se opone el TEMOR. Yo pienso que desde el momento en que nacemos nos vemos influenciados y muchas veces determinados por cualquiera de éstos dos sentimientos: el amor o el temor. El amor nace contemporáneamente al temor, uno después del otro.
Me parece oportuno utilizar la imagen del Péndulo que verás a continuación. En un lado está el amor y en el otro está el temor. En el momento que comienzas a amar el temor aparece instantáneamente. Un ejemplo: El enamorado siente algo por alguien pero al mismo tiempo teme ser rechazado, una vez que supera su miedo y ama lo que siente y se declara; en el mejor de los casos es aceptado, ahora su amor es correspondido, pero inmediatamente nace su temor a perderlo. Ese mismo temor a perderlo le lleva a amar mucho más que antes. Es así como lo describo Yo, la co-existencia del temor y el amor.
No hay amor, sobre la superficie de la tierra, que no esté acompañado del temor. «Cuando nace tu mayor amor, nace también tu mayor temor».
Por ello voy a justificar una frase que he publicado hace algunos días: «Destruir lo que más amabas, y luego amarlo de nuevo, es una ley humana-universal». Ejemplo de ello tenemos a Cristo: «Él fue asesinado (crucificado) por el Imperio Romano -por temor- y 200 años después el emperador absolutizó la religión cristiana en el mismo Imperio Romano -por amor al populismo-«.
Esta ley se aplica en todos los grados de parentezco familiar. Entre padres e hijos, entre hermanos, entre tíos y sobrinos; y se extiende también a los diversos grados de amistad. Con lo dicho, no me parece raro que aquello que más temías hace 5, 10, 20 o 30 años, actualmente lo estés amando y tal vez gozando de los beneficios. Es una ley de la vida, no podemos escapar de ella.
Como toda defición es una contradicción, creo que al hablar del temor en esta oportunidad implícitamente estaré hablando del amor.
Si alguien quiere negarlo, pues que lo haga, pero a mi me consta que el temor existe por el mismo hecho que existe el amor. Todos tenemos nuestros miedos o fobias a causas o cosas más o menos justificadas, a los ratones, a la multitud, al agua, a la muerte…., pero están también los miedos a cosas o a circunstancias generales e inespecíficas.
Miedo a lo desconocido, porque no sabes que es lo que te va a deparar y a lo conocido… porque sabes perfectamente lo que viene a continuación.
Miedo al que dirán, porque no sabes lo que van a decir, ni el daño que puede llegar a hacerte.
Miedo a empezar a querer… cuando aún sigues queriendo.
Miedo a la oscuridad… porque no sabes cuando llegará la luz.
Miedo a quedarte dormido… porque no sabes qué es lo que te encontrarás cuando abras los ojos.
Miedo a tomar decisiones, porque nunca sabrás si has tomado la correcta.
Miedo a tener un hijo, porque no sabes si el momento o la circunstancia es la apropiada.
Miedo a los silencios… porque a veces son mucho más significativos que un millón de palabras.
Miedo a la distancia… porque dicen que es la puerta al olvido.
Miedo a preguntar… porque no sabes si la respuesta va a ser una mentira.
Miedo a la verdad… porque a veces es mejor vivir en la ignorancia.
Miedo a la mentira… porque no sabes el daño que puede causarte el descubrirla.
Miedo a lo nuevo… porque te persigue el run-run del pasado.
La vida es de los valientes, de los que arriesgan, de los que toman decisiones de seguir adelante con «lo que venga»… la vida es «LA VIDA» y hay que vivirla.
Finalmente creo, que si decidimos pasar por estos dos sentimientos sin quedarnos detenidos ni en lo uno ni en lo otro, es bueno balancearnos afrontando el miedo con amor y temiendo lo necesario como para hacernos responsables.
De mi perro aprendí algo: Cuando caía la lluvia y se mojaba esperaba que dejara de llover, se sacudía fuertemente y a mi parecer quedaba seco y con un peinado natural. Tan pronto puedas superar tus miedos – temores, sacúdete de aquello que no te deja crecer.