Cuentos y reflexiones para pensar la vida con profundidad.

Encuentros con Dios Mismo

 
El truco está en llegar a dichos sentimientos. Te mostraré cómo. De nuevo. Si tú quieres…

Le dije a Dios que sí quería, pero que en ese momento deseaba aún más una respuesta completa y detallada a mi primera pregunta. He aquí lo que Dios me dijo:

Dios: También me comunico con el pensamiento. El pensamiento y los sentimientos no son lo mismo, aunque pueden darse al mismo tiempo. Al comunicarme con el pensamiento, a menudo utilizo imágenes. Por ello, los pensamientos resultan más efectivos como herramientas de comunicación que las mismas palabras.
Además de los sentimientos y pensamientos, utilizo también el vehículo de la experiencia, que es un magnífico medio de comunicación.
Y finalmente, cuando fallan los sentimientos, los pensamientos y la experiencia, utilizo  las palabras. En realidad, las palabras resultan el medio de comunicación menos eficaz. Están más sujetas a interpretaciones equivocadas, y muy a menudo a malentendidos.

¿Y eso por qué?

Dios: Pues debido a lo que son las palabras. Éstas son simplemente expresiones: ruidos que expresan sentimientos, pensamientos y experiencia. Son símbolos. Signos. Insignias. No son la verdad. No son el objeto real.

Las palabras le pueden ayudar a uno a entender algo. La experiencia le permite conocerlo. Sin embargo, hay algunas cosas que uno no puede experimentar. Por eso os he dado otras herramientas de conocimiento: son los llamados sentimientos; y también los pensamientos.
La suprema ironía del asunto es que ustedes hayan dado tanta importancia a la palabra de Dios, y tan poca a la experiencia.
En efecto, dan tan poco valor a la experiencia que, cuando su experiencia de Dios difiere de lo que han oído sobre Dios, automáticamente desechan la experiencia y se quedan con las palabras, cuando debería ser precisamente lo contrario.
Su experiencia y sus sentimientos sobre algo representan lo que efectiva e intuitivamente saben acerca de ello. Las palabras únicamente pueden aspirar a simbolizar lo que saben, y a menudo pueden confundir lo que saben.
Así pues, esas son las herramientas con las que Yo me comunico; aunque no sistemáticamente, pues ni todos los sentimientos, ni todos los pensamientos, ni toda la experiencia ni todas las palabras proceden de Mí.
Muchas palabras han sido pronunciadas por otros en Mi nombre. Muchos pensamientos y muchos sentimientos han sido promovidos por causas que no son resultado directo de Mi creación. Y muchas experiencias se derivan también de dichas causas.
La cuestión consiste en discernir. La dificultad estriba en saber la diferencia entre los mensajes de Dios y los que proceden de otras fuentes.
Esta distinción resulta sencilla con la aplicación de una regla básica:
Tu Pensamiento más Elevado, tu Palabra más Clara, tu Sentimiento más Grandioso, son siempre Míos. Todo lo demás procede de otra fuente.
Con ello se facilita la labor de diferenciación, ya que no debería resultar difícil identificar lo más Elevado, lo más Claro y lo más Grandioso.
No obstante, te daré algunas directrices:

El Pensamiento más Elevado es siempre aquel que encierra alegría.
Las Palabras más Claras son aquellas que encierran verdad.
El Sentimiento más Grandioso es el llamado amor.
Alegría, Verdad, Amor.

Los tres son intercambiables, y cada uno lleva siempre a los otros. No importa en qué orden se encuentren.
Una vez determinado, utilizando estas directrices, qué mensajes son Míos y cuáles proceden de otra fuente, lo único que falta es saber si Mis mensajes serán tenidos en cuenta.
La mayoría de Mis mensajes no lo son. Algunos, porque parecen demasiado buenos para ser verdad. Otros, porque parece demasiado difícil seguirlos. Muchos, debido simplemente a que se entienden mal. La mayoría, porque no se reciben.
Mi mensajero más potente es la experiencia, e incluso a ésta la ignoran; especialmente a ésta la ignoran.
Su mundo no se hallaría en el estado en que se encuentra si simplemente hubieran escuchado a su experiencia. El resultado de que no escuchen a su experiencia es que siguen reviviéndola, una y otra vez; puesto que mi propósito no puede verse frustrado, ni mi voluntad ignorada. Tienen que recibir el mensaje. Antes o después.
Sin embargo, no les forzaré. Nunca les coaccionaré; ya que les he dado el libre albedrío – la facultad de hacer lo que quieran -, y nunca jamás les quitaré.
Así pues, seguiré enviándoles los mismos mensajes una y otra vez, a lo largo de milenios y a cualquier rincón del universo en el que habiten. Seguiré enviando infinitamente Mis mensajes, hasta que los hayan recibido y los hayan escuchado con atención, haciéndolos suyos.
Mis mensajes pueden venir bajo un centenar de formas, en miles de momentos, durante un millón de años. No pueden pasarlos por alto si realmente escuchan. No pueden ignorarlos una vez los hayan oído verdaderamente. De este modo nuestra comunicación empezará en serio, ya que en el pasado únicamente Me han hablado, Me han rezado, han intercedido ante Mí, Me han suplicado. Pero ahora puedo responderles, siquiera sea como lo estoy haciendo por medio de tu blog.

¿Cómo puedo saber que esta comunicación procede de Dios? ¿Cómo sé que no se trata de mi propia imaginación?

Dios: ¿Qué diferencia habría? ¿No ves que puedo utilizar tu imaginación con la misma facilidad que cualquier otro medio? Te traeré los pensamientos, palabras o sentimientos exactamente apropiados; y en un determinado momento, precisamente cuando me venga bien para mi propósito, utilizaré alguna sentencia, o varias.
Sabrás que esas palabras proceden de Mí porque tú, espontáneamente, no has hablado nunca con tanta claridad. Si hubieras hablado ya con claridad de tales asuntos, no te preguntarías acerca de ellos.

¿Con quién se comunica Dios? ¿ Se trata de personas especiales? ¿En momentos especiales?

Dios: Todo el mundo es especial, y todos los momentos son buenos. No hay ninguna persona que sea más especial que otra, ni ningún momento que sea más especial que otro. Mucha gente decide creer que Dios se comunica de maneras especiales y únicamente  con personas especiales. Esto libera a las masas de la responsabilidad de escuchar Mi mensaje, y aún más de aceptarlo (esa es otra cuestión), y les permite quedarse con lo que dicen otros. No tienen que escucharme, puesto que ya han decidido que otros Me han oído acerca de todos  los asuntos, y tienen que oírles a ellos.
Al escuchar lo que otras personas piensan que Me han oído decir, ustedes no tienen que pensar en absoluto.
Esta es la razón principal de que la mayoría de la gente eluda Mis mensajes a nivel personal. Si uno reconoce que recibe Mis mensajes directamente, entonces es responsable de interpretarlos. Es mucho más seguro y mucho más fácil aceptar la interpretación de otros (aunque se trate de otros que han vivido hace 2.000 años) que tratar de interpretar el mensaje que uno puede muy bien estar recibiendo en este mismo momento.
No obstante, te propongo una nueva forma de comunicación con Dios. Una comunicación de doble dirección. En realidad, eres tú quien me lo ha propuesto a Mí, ya que he venido a ti, en esta forma, aquí y ahora, en respuesta a tu llamada.

¿Por qué algunas personas -como, por ejemplo, Jesucristo- parecen escuchar más lo que Tú comunicas que otras?

Dios: Porque algunas personas están verdaderamente dispuestas a escuchar. Están dispuestas a oír, y están dispuestas a permanecer abiertas a la comunicación aun cuando lo que oyen parezca espantoso, disparatado o manifiestamente equivocado.

¿Debemos escuchar a Dios aun en el caso de que lo que diga nos parezca equivocado?

Dios: Especialmente cuando parece equivocado. Si creen que están en lo cierto respecto de algo, ¿para qué necesitan hablar con Dios?
Sigan adelante, actuando según su entender. Pero observen lo que han estado haciendo desde el principio de los tiempos. Y miren cómo es el mundo. Evidentemente, en algo han fallado; y es obvio que hay algo que no entienden. Lo que sí entienden ha de parecerles correcto, puesto que  “correcto” es un término que utilizan para designar aquello con lo que están de acuerdo. Por lo tanto, aquello que se les escapa aparecerá, en un primer momento, como “equivocado”.
La única manera de adelantar en esto es preguntándose a sí mismo: “¿Qué pasaría si todo lo que considero «equivocado» fuese realmente «correcto»?”. Todos los grandes científicos conocen esta pregunta. Lo que hace el científico no es simplemente trabajar; el científico cuestiona todos los presupuestos y principios. Todos los grandes descubrimientos han surgido de la voluntad, de la capacidad, de no estar en lo cierto. Y eso es lo que se necesita en este caso.
No pueden conocer a Dios hasta que hayan dejado de decirse a ustedes mismos que ya conocen a Dios. No pueden escuchar a Dios hasta que dejen de pensar que ya han escuchado a Dios.
No puedo decirles Mi Verdad hasta que ustedes dejen de decirme las suyas.

Pero mi verdad acerca de Dios procede de Ti.

Dios: ¿Quién lo ha dicho?

Otros.

Dios: ¿Qué otros?

Predicadores. Vicarios. Rabinos. Sacerdotes. Libros. ¡por amor de Dios!

Dios:  Esas no son fuentes totalmente autorizadas cuando buscan intereses individuales y nefastas.

¿No lo son?

Dios: No

Entonces, ¿que hay que sí lo sea?

Dios: Escucha tus sentimientos. Escucha tus Pensamientos más Elevados. Escucha a tu experiencia. Cada vez que una de estas tres cosas difiera de lo que te han dicho tus maestros, o has leído en tus libros, olvida las palabras. Las palabras constituyen el vehículo de Verdad menos fiable… y prepárate para sorprenderte más.

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