El pensamiento escotista está muy lejos de ser un conjunto artificioso de sutilezas atrevidas, como le han acusado sus adversarios, sino que eminentemente es práctico, en cuanto que trata de conocer y clarificar el fin último del hombre y proporcionar los medios adecuados para conseguirlo.
Toda su especulación filosófico-teológica desemboca en una actitud existencial y en un orden práctico: una ética de la acción. Se trata de una moral del encuentro y de la existencia comunicativa.