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Duns Escoto: «EL SABER PARA BIEN VIVIR»

El pensamiento escotista está muy lejos de ser un conjunto artificioso de sutilezas atrevidas, como le han acusado sus adversarios, sino que eminentemente es práctico, en cuanto que trata de conocer y clarificar el fin último del hombre y proporcionar los medios adecuados para conseguirlo.

Toda su especulación filosófico-teológica desemboca en una actitud existencial y en un orden práctico: una ética de la acción. Se trata de una moral del encuentro y de la existencia comunicativa.

 

Escoto parte del principio teológico de que el amor divino ha trascendido lo infinito para vincularse con lo finito. Como contrapartida sólo el amor humano de la voluntad libre podrá trascender lo finito vinculándose con lo infinito. Se trata, en definitiva, de una ética de amor. El Doctor Sutil pensó profundamente porque amó en profundidad, pero con un amor concreto, como él mismo lo define: «Se ha probado que el amor es verdaderamente praxis.»16 Desde esta praxis se comprende y se explica cómo el hombre debe actuar y vivir en su ser y estar en el mundo y en la sociedad.

Es práctico todo acto que proviene del querer de la voluntad, pero con la condición de conformarse a la recta razón. Ello implica claramente la conformidad de la voluntad a una ley, dándose, de ese modo, una identidad entre lo práctico y lo normativo. La voluntad es una potencia indeterminada que se autodetermina por sí misma. Sin embargo, la libertad no es arbitraria ni irracional. De hecho, la voluntad es el vértice del entendimiento racional. La libertad se realiza en la autodeterminación de la voluntad natural y racionalmente orientada hacia el bien. La acción buena es aquella que corresponde a un acto de la voluntad conforme a la recta razón.

La voluntad escotista es capaz de determinarse por encima de cualquier interés y de valorarla en una ética del desinterés. Escoto ofrece una filosofía de la libertad al interior de una teología que admite la posibilidad natural de amar a Dios por sí mismo, y al margen de toda motivación interesadamente egoísta.

El Doctor Sutil nos ofrece la espléndida articulación de un humanismo cristiano, en donde el saber está al servicio del bien vivir y del buen convivir, es decir, de una sociedad justa, pacífica y fraterna.

CONCLUSIÓN

Juan Duns Escoto, hijo fiel y seguidor coherente de S. Francisco, ofrece profundos, iluminadores y vitales presupuestos doctrinales para una auténtica y robusta espiritualidad franciscana, como lo demuestra claramente su bello y orientador tratado sobre las virtudes teologales, que él supo encarnar en la vida cotidiana con sencillez y gran humanidad.

El Doctor Sutil y Mariano entra de lleno en la rica corriente de la espiritualidad franciscana, en la que vive, se inspira y gesta su pensamiento filosófico-teológico. Lo mismo que el fundador de la familia franciscana, el beato Juan Duns Escoto ha conseguido sincronizar armónicamente vida y pensamiento, mística y trabajo, contemplación y acción, persona y comunidad, ser y hacer.

Escoto logró, con gran humildad y audacia, poner la sutileza de su pensamiento al servicio de la causa de Dios, del hombre y de la vida.

Su grandiosa visión de la historia de la salvación, con su dinamismo de perfección y de consumación en el Cristo omega, puede ser el fundamento filosófico-teológico para elaborar una mística cósmica, una ecología planetaria y una teología del futuro.

Sus amplias perspectivas antropológicas y cristológicas ofrecen al hombre actual nuevos horizontes de pensamiento y de acción, criterios válidos para orientarse hacia el futuro esperanzador y comportamientos fraternos hacia el humanismo integral de rostro humano y civilizado.

Filósofo y teólogo, audaz y comprometido, que piensa, razona y actúa desde la problemática concreta de su época; pero, trascendiendo su propia circunstancia cultural, es aún vigente para poder afrontar con lucidez y sin complejos la permanente problemática humana.

Si san Buenaventura ha sido definido como «el segundo príncipe de la escolástica», Duns Escoto es considerado como su perfeccionador y el representante más cualificado de la escuela franciscana. Juan Pablo II, en su discurso en la catedral de Colonia (1980) lo definió como «torre espiritual de la fe», es para los franciscanos la invitación a descubrir un pensamiento fecundo en el diálogo con la cultura de nuestro tiempo.El pensamiento escotista está expresado en clave de esperanza. Mira al pasado para aprender, analiza el presente para actuar, pero espera en el futuro para clarificar. Con expresión lapidaria y fecunda dice que «en el desarrollo de la historia humana crece siempre el conocimiento de la verdad». Es todo un postulado para la interpretación de una filosofía de la cultura como realidad haciéndose.

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