Cuentos y reflexiones para pensar la vida con profundidad.

Amor con los pies en la tierra -CANTAR DE LOS CANTARES-

Negra soy y hermosa,
muchachas de Jerusalén,
como las tiendas de Cadar,
como los pabellones de Salomón,
No se fijen en lo morena que estoy,
es que el sol me ha bronceado:
enojados conmigo, mis hermanos de madre
me pusieron a guardar sus viñas;
Y mi viña, la mía, no la supe guardar
(1, 5-6)
El amor paradisiaco se tiene que buscar en esta tierra en donde abundan las contrariedades y los sufrimientos. Ella, la amada cantada y que canta en este poema de amor, no tiene la belleza de las damas elegantes de la ciudad. No es como ellas, pero no por eso deja de ser bella. Ella ha tenido que trabajar para provecho de otros. El trabajo en el campo la ha curtido, pero no lo toma a lo trágico, jugando con las palabras y con los contratiempos, afirma que el trabajo no lo ha afectado, y que más aún su belleza es fuera de serie.
Ella podría haber aceptado estos versos de Neruda:
«Niña morena y ágil, el sol que hace las frutas,
el que cuaja los trigos, el que tuerce las algas,
hizo tu cuerpo alegre, tus luminosos ojos
y tu boca que tiene la sonrisa del agua.
Un sol negro y ansioso se te arrolla en las hebras
de la negra melena, como estiras los brazos.
Tú juegas con el sol como un estero
y él te deja en los ojos dos remansos oscuros»
(Poema 10).

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