Os desvivís para morir de hastío
delante de la Esfinge que bosteza.
La gran Ciudad os ha secado el río.
Sois cauces de orfandad y de impureza.
Aquí la luna cruza el Araguaia;
los ojos a su encuentro, como remos,
y el corazón tendiéndole su playa.
Hijos del cielo, de Belleza ardemos,
libres aún para cantar Su nombre
y el Uni-verso que Su mano escribe,
las cosas escanciadas, una a una.
Comer, sumar, poder, no es todo el Hombre.
No sólo de progreso el Hombre vive,
vive también de Dios y de la Luna.
