El tardío precoz hijo convoca
al cumplimiento de las profecías,
y el seno de Isabel se hace boca
junto a la muda fe de Zacarías.
Virgen y madre, sierva y libertaria,
la más mujer de todas las mujeres,
tú has puesto el cielo en la ración diaria
de nuestras amarguras y placeres.
Azoras la montaña de Judá,
grávida de caminos, que no sabe
que en tus andares el Camino va
y cómo será humano ir en pos
de esa ternura que en tu vientre cabe,
feto de sueño y sangre, nuestro Dios.
