Es verdad y por desgracia lo es: muchos de nuestros ancianos son tratados con menoscabo en ciertos hogares. Hemos sucumbido tanto al afán de acumular o de dar el valor a aquello que nos trae ganancias y no sólo tenemos que echarle la culpa al sistema económico que nos ha metido en esta situación sino en la forma como hemos puesto la cara frente a ello. A lo largo de mi formación he tenido la suerte de vivir acompañado de personas mayores. En el ambiente familiar tuve a mis abuelos con caracteres diversos pero con grandes enseñanzas. Entre ellos mi abuela -Clara-, sin duda una santa; su humildad era tal que cualquier persona soberbia u orgullosa se veía opacada por la simplicidad que ella transmitía. Mi abuelo -Alejandro- con su carácter fuerte, recio; en más de una ocasión me enseñó que los problemas nunca superan nuestras capacidades cuando dejamos de lamentarnos.
- Ten cuidado con gastar tu tiempo y no ser feliz.
- Sé prudente y no te hagas esclavo de tus vicios.
- Ubícate en el lugar que te pertenece y no en el que quieres.
- Si quieres ser feliz comienza por hacer feliz a tu prójimo, esa será tu felicidad.
- Vive tu juventud y no quemes las etapas que ya llegarás cuando te toque llegar a la edad que deseas estar.
- No tengas miedo a equivocarte, la peor equivocación es no equivocarse.
- Aprende a tener amigos, no todo el que te sonríe es digno de tan sagrada palabra: amigo.
- Cuando quieras decir muchas cosas a los demás anda y busca a alguien que necesite ser escuchado… pero no digas una sola palabra.
- No te desanimes cuando tengas una dificultad, Cristo cayó tres veces pero no fueron motivos para dejar de abrazar su cruz.
Estas y muchísimas enseñanzas me han transmitido personas sabias en mi vida. Cada vez que me veo amenazado por el desánimo pienso en esas personas que sin esperanza de que algún día Yo les pueda servir en algo me han transmitido palabras vivas. Pienso en es personas agradecidas de la vida, alegres y convencidas en una vida futura a la cual se han ido preparando combinando virtudes y defectos hasta haber construido el mosaico de su existencia. Pienso en aquellas personas que fueron aclamadas por multitudes en su momento y no viven colgados añorando el pasado; sino agradecidos. Pienso en aquél sacerdote misionero que dio toda su vida tratando de aprender un idioma para transmitir algo de humanidad y novedad. Pienso en aquellas religiosas que arriesgando quedarse solas cuando al final de su existencia vivan en un asilo o en un hospital sólo reciban la visita de la enfermera y sin embargo tienen el convencimiento que toda su vida a sido un escalón en vista de hacer un mundo más humano, más sensible y menos violento.
Agradezco a Dios por aquellos jóvenes que tienen ese respeto por las personas de avanzada edad. En lo particular la persona es el escenario decisivo de nuestra salvación o condenación: Si atendemos bien a nuestro prójimo y le tratamos como se merece; ya podremos ser unos aprendices en los rituales externos o en las ceremonias nuestra vida tendrá un sentido pleno. Dar al que tiene y sabes que te va a devolver el favor o celebrar con el que siempre festeja es bueno, pero dar al que no tiene y tratar de hacerle sonreír a alguien es una felicidad asegurada.
Nuestros ancianos nos necesitan ahora; pero mucho más necesitamos nosotros de ellos. No solo con fuerza física se transforma el mundo sino con la sabiduría que viene de lo alto: nuestros ancianos tienen mucho de ella.
Dios bendiga a nuestros ancianos y a los que cuidan de ellos.
