Hace algunos días mantuve una conversación muy alturada con algunos estudiantes de una universidad del Perú, cuyas identidades me reservo. Hablábamos de muchas cosas concernientes a la educación en nuestro país. Se me ocurrió hacerles la pregunta: ¿Para qué estudias?
Cada uno de ellos me fueron dando sus respuestas conforme a sus inquietudes y motivaciones actuales. Aquí escribo las respuestas, que de hecho no fueron textualmente así; pero trataré de parafrasear lo que dijeron:
- Yo estudio para tener un trabajo más digno.
- Yo estudio para que mi sueldo sea estable y ascender a un status de vida más elevado.
- Yo estudio porque en la carrera que estoy hay muchas oportunidades de trabajo.
- Yo estudio porque es la época de estudiar y después creo que no tendré las mismas oportunidades de hacerlo.
- Yo estudio porque no quiero terminar como mi padre -y/o- madre trabajando en el campo (trabajando el campo o cuidando los animales)
- Yo estudio porque es la única manera de salir de la pobreza.
- Yo estudio porque algún día quisiera tener la posibilidad de salir del país y luego de haberme especializado poder regresar al Perú y tener un buen cargo en la sociedad.
- Yo estudio porque no quiero ser un ignorante.
Respuestas como éstas obtuve. Sin duda que pensándolo bien es su motivación por la cual hacen el esfuerzo de estudiar. Un esfuerzo que solamente se verá recompensado cuando en el momento de desempeñarse como profesionales en la sociedad harán realidad lo que soñaron. Por lo tanto, las respuestas no son ni buenas ni malas; son su causa final que de una manera u otra les compromete a estudiar.
Reflexión:
La finalidad o Meta es uno de los motores que mueven al ser humano a realizar tal o cual cosa. En el caso específico de la educación -en el Perú- comprendo que son poco prometedoras. Los jóvenes tienen sus motivaciones y vale la pena respetarlas. Sin embargo, cada respuesta me trae un sinsabor ya que todos han mencionado su bienestar personal por encima de todas las cosas. Me pregunto: ¿Dónde está el compromiso de hacer más vivible nuestra sociedad? ¿El trabajo es más digno cuando no te ensucias con la tierra, cuando no tienes contacto con los animales o cuando lo haces con amor? ¿El estudio saca de la Ignorancia a todos -si conozco a muchos letrados que tratan peor que ignorantes a sus semejantes-? ¿El tener un buen cargo en la sociedad significa poder dominar o saber servir?
Las respuestas han sido espontáneas y tienen su valor. De tales respuestas puedo comenzar a deducir dónde está una de las razones de nuestra crisis actual: Nuestra educación es demasiado individualista y nada de compromiso con la sociedad.
Haciendo un poco de apologética religiosa me referiré a aquellas personas que después de varios años de estudios terminan sirviendo en lugares alejados, sin un suelo fijo y gastando toda su juventud porque creen en la utopía de una sociedad más justa y mas solidaria; me refiero a las religiosas y algunos religiosos. La formación que se recibe -aunque algunos digan lo contrario-, es con la finalidad de construir un mundo más justo, más solidario y mas humano. Y como referente último se tiene al único modelo: Cristo.
De las respuestas recabadas me doy cuenta que si seguimos en esa misma línea de educación individualista ya podremos tener los títulos, los diplomas, los doctorados y todo lo que se quiera pero humanamente seremos poco humanos.
Mis padres o mis hermanos no tendrán los estudios que muchos han alcanzado pero su contacto con lo esencial -el agua, la tierra y el sol-, les hace sensibles al sufrimiento del indigente, al cuidado de la naturaleza, al buen trato de los animales, al estar atentos de las necesidades del otro. Y yo considero a todos éstos detalles una auténtica educación en la vida.
Cuántas veces he visto presos que viven en casas de oro, a inútiles que no saben lo que es tratar con la tierra, a ignorantes que desprecian la vida animal o vegetal -porque no lo conocen-, a legisladores que promueven leyes para privatizar un lago, un río, un manantial porque al lograr su objetivo podrían llenarse los bolsillos de dinero a costa del sufrimiento de los demás. Cuántas personas que desprecian la creación y no valoran la grandeza de haber sido creados. Cuántos letrados que les da lo mismo divertirse con el sufrimiento de los animales o con la manipulación genética de los vegetales con tal de aparecer en primera plana de un diario. Cuántos profesionales que serían capaces de pagar fuertes sumas de dinero por tener la posibilidad de visitar una catarata artificial, un bosque de 50 plantas o ver animales enjaulados en un zoológico.
Lamentablemente muchos de los que me respondieron de esa manera terminarán alejándose de lo esencial para buscar una vida «digna» y después de haber gastado dinero y juventud quieran tener una vida humana cuando sea demasiado tarde.
Me alegro por aquellas personas que se prepararon en las mejores universidades y una vez teniendo un título bajo el brazo, ahora:
- Acompañan a bien morir a las personas con enfermedades terminales o con avanzada edad.
- Cuidan a los ancianos, a los niños, a los discapacitados.
- Asisten con su compañía a quienes se encuentran solos en los hospitales, en los orfanatos, en los asilos.
- Trabajan en función de la felicidad del otro y no del dinero.
- Cuidan la naturaleza, trabajan el campo, crían los animales, se dedican a proteger el medio ambiente con campañas en favor de la vida.
