Todos sabemos de sobra que hay mucha gente que sufre y lo pasa mal: falta de trabajo, los sueldos y los jornales no alcanzan para pagar lo que cuesta la vida, unos ganan mucho y otros ganan poco; muchos han tenido que emigrar a otras regiones o países para poder vivir. Todo esto pasa así porque la nuestra es una región rica en la que hay muchos pobres.
problemas interiores Pero la gente sufre también por otras cosas. Y de esas cosas es de lo que voy a hablar en este post. Hay una cosa que se nota mucho: la vida se ha puesto imposible. No sólo porque todo ha subido y los jornales no alcanzan, sino además porque a casi todo el mundo se la ha metido en la cabeza que hoy hacen falta para vivir muchas cosas que antes no teníamos. Por ejemplo, los anuncios de la televisión le dicen al público que la «Coca-Cola» es una cosa estupenda, y que se deben comprar bebidas, y que las mujeres tienen que usar un «Cruzado Mágico», y que con tal aparato o con tal juguete la casa y los niños van a vivir felices, y que se debe usar este desodorante o un champú para que no se caiga el pelo. Y así tantas cosan. De esta manera la gente siente la necesidad de tener lo que no tiene: el que no tiene coche quiere tenerlo, el que no tiene la tele en color quiere tenerla. Y por eso se entrampa y luego tiene que pagar más letras que las que puede pagar. Así resulta que todo el mundo quiere tener más para ser más que el vecino o el pariente o el compañero de trabajo.
Por otra parte, casi nadie se atreve a ir «contra corriente». Es decir, todo el mundo hace, o siente ganas de hacer, lo que ve que hacen los demás: la gente aspira a tener cada vez más cosas, para ser más. Por eso, a muchos se les han trastornado las ideas y piensan que cada uno vale, no por lo que es, sino por lo que tiene. Lo importante, para mucha gente, no está en ser honrado o trabajador o buen compañero, sino en tener mucho dinero o un cargo importante o medios para pasarlo bien y divertirse. Por eso, si te descuidas, te engañan y se aprovechan de ti. Y es que a la gente no le importa ya lo que cada uno es, sino lo que cada uno tiene.
Otra cosa que pasa con frecuencia es que la familia no marcha bien: hay muchos matrimonios que se llevan mal, y algunos tan mal que tienen que separarse. Hay muchos hijos que no quieren a sus padres; y también hay padres que no tratan bien a sus hijos, ni los comprenden, ni los educan, ni les dan buen ejemplo. Hay casas que son un infierno, porque allí nadie se entiende y todo el mundo va a su apaño. Todo eso pasa así por tres razones:
falta de diálogo 1) La primera es el deseo de dominar: el marido quiere muchas veces dominar a la mujer, y la mujer al marido: los padres quieren dominar a los hijos y los hijos quieren liberarse de la dominación de los padres; o sea, que en muchas familias hay más dominio que servicio.2) La segunda razón es el deseo de disfrutar: algunos hombres piensan más en disfrutar de la mujer que en hacer feliz a su esposa; algunas mujeres quieren más disfrutar de lo que pueden con lo que gana el marido y piensan poco en hacer feliz a su esposo; hay muchos hijos y muchas hijas que sólo piensan en disfrutar y les importa poco si de esa manera amargan la vida de los padres. O sea, que en muchas familias hay bastante deseo de disfrutar y pocas ganas de amar y de quererse los unos a los otros, con paciencia, con delicadeza y hasta con ternura.3) La tercera razón es la falta de interés para escucharse y comprenderse: hay matrimonios que se pasan meses y años sin hablar entre ellos a fondo y de verdad; hay maridos que tienen problemas muy gordos y no se los cuentan a su mujer; lo mismo que hay mujeres que no le cuentan al marido sus cosas más íntimas; y otro tanto pasa entre los padres y los hijos. O sea, que en muchas familias hay demasiado desinterés y poca atención a los demás; la consecuencia que se sigue de todo esto es que en muchas casas casi nadie se siente a gusto: a veces hay peleas, voces, malos modos, falta de respeto. Y si las cosas no llegan a tanto, el hecho es que en muchas casas no hay paz, alegría y cariño.
Otro problema que tiene mucha gente es el trabajo. Esto lo notan sobre todo los que están en el paro. No sólo porque no ganan lo que necesitan, sino además porque se sienten inútiles; todo el que no es un gandul o un aprovechado quiere trabajar para ganarse la vida honradamente y para hacer algo de provecho en este mundo. Pero lo que pasa muchas veces es que la gente trabaja a regañadientes, porque tiene la sensación de que en el trabajo los explotan. O porque en el trabajo, lo que hacen no les gusta. Por eso hay tanta gente que trabaja lo menos posible. Esto quiere decir que debe cambiar la organización del trabajo. Primero, para que se acabe el paro. Segundo, para que cada uno gane un buen jornal. Tercero, para que cada trabajador tenga interés en lo que hace.Otra cosa importante: hay muchos individuos que no son felices, porque tienen problemas dentro de ellos mismos. Y no son capaces de hacer frente a esos problemas. Seguramente a muchos de estos individuos les falta decisión y sinceridad. Por eso están como ciegos y no quieren reconocer lo que les pasa de verdad. Por ejemplo, hay algunos que tienen la impresión de que nadie les quiere y por eso se sienten terriblemente solos. A otros lo que les pasa es que tienen miedo a la libertad y por eso no toman decisiones y prefieren seguir con la rutina de siempre. Otros tienen la sensación de que no sirven para lo que están haciendo, y que sirven para muy pocas cosas. Otros no tienen seguridad en sí mismos, y por eso, cuando hablan con otras personas, suelen ser testarudos y no dan nunca su brazo a torcer. Otros se creen que sirven para más de lo que son capaces y por eso hacen el ridículo, son ingenuos y orgullosos, y, cuando las cosas les salen mal, le echan la culpa a quien no la tiene.
Lo peor que puede hacer un individuo, cuando le pasan estas cosas, es querer «escaparse», o sea no reconocer lo que de verdad le pasa y buscar la solución por otro camino. Ese camino, muchas veces, suele ser el más fácil: olvidar, divertirme, pasarlo bien, a veces echarse a la bebida o al juego o «hacer otras cosas» (ya se sabe…). Por ese camino no se resuelve nada. Y todo se pone peor.
Por último, está el problema del sufrimiento que lleva consigo la vida. Aquí está, primero, el problema de la enfermedad; segundo, el problema de la vejez; tercero, el problema de la muerte. Antes o después todos tenemos que pasar por ahí. Pero la mayor parte de la gente no suele pensar en estas cosas. Porque no quieren amargarse la vida.
Es bueno que todos pensemos en que un día nos puede venir una enfermedad incurable, en que seguramente vamos a llegar a viejos, y en que nos tenemos que morir. No para amargarnos la vida pensando en esas cosas desagradables. Sino para saber cómo nos tenemos que comportar cuando nos veamos metidos en algo de eso o en todo eso a la vez. Sobre todo, si es que a la situación no se le ve remedio.


