Estamos atravesando actualmente una crisis de los fundamentos de nuestra convivencia personal, nacional y mundial.
Si es que echamos un vistazo al mundo nos daremos cuenta de que nada funciona como es debido.
Tenemos ante nosotros la posibilidad de dar cambios. Es un tiempo decisivo y en cierto modo peligroso para las personas que se han quedado estancadas en la costumbre y en la creencia y además han renunciado a los cambios y a una actualización en la época en que nos encontramos.
Es cierto que la crisis trae consigo temor y miedo sobre todo a aquellas personas que piensan que “Si es que espero el tiempo suficiente volverán a ser las cosas como antes”, y sienten miedo el arriesgarse a lo nuevo, lo inseguro de la vida, en su mayoría son aquellos que se resisten a los cambios.
Pero, tenemos algo muy cierto que en donde hay vida humana, es decir relación, hay crisis, porque en la vida, desde los inicios de nuestra existencia se han ido dando las crisis, por ejemplo la crisis de nacimiento, de crecimiento, de madurez, de adultez y de la muerte.
Ante esta crisis podemos basarnos en el texto de la carta a los Romanos 12, 2. “No se acomoden a este mundo…”, encontramos una primera advertencia que debemos estar abiertos a los cambios necesarios en nuestra existencia. Las estructuras tienen que ir actualizándose y nunca renunciar a lo que la modernidad nos ofrece.
Así, como es de notar en los elementos naturales, los cuales nos pueden ilustrar un poco sobre la facilidad para adecuarse a las circunstancias tenemos uno de ellos que se adecua fácilmente al recipiente que lo contiene: el agua. Mientras todos los demás elementos se resisten a los cambios que los puede proporcionar las nuevas estructuras. El agua es maleable. El peor obstáculo será tal vez los TEMORES, que no nos dejan optar por el cambio. Porque cuando superas tu temor te sientes libre.
Es bueno estar atento a las alternativas de la actualidad que quedarse aislado en las zonas de supuesta comodidad que nos hemos hecho hasta ahora. Es decir es mejor vivir el presente que quedarnos añorando el pasado glorioso… con frases como …»el pasado fue mejor», «no volverán aquellos tiempos donde todo era maravilloso», «el ahora no es tan bueno como lo fue mi época», etc.
El pasado se tiene que dejar atrás, claro que recordándolo con gratitud, pero nunca estancándonos en el lamento; para ir adecuándonos al presente.
Cuando tú cambias lo que tú crees, tú cambias lo que tú haces.