La Iglesia no puede callar ante esas injusticias del orden económico, del orden político, del orden social. Si callara, la Iglesia sería cómplice con el que se margina y duerme un conformismo enfermizo, pecaminoso, o con el que se aprovecha de ese adormecimiento del pueblo para abusar y acaparar económicamente, políticamente, y marginar una inmensa mayoría del pueblo. Esta es la voz de la Iglesia, hermanos. Y mientras no se le deje libertad de clamar estas verdades de su Evangelio, hay persecución. Y se trata de cosas sustanciales, no de cosas de poca importancia. Es cuestión de vida o muerte para el reino de Dios en esta tierra.
Ya que cada uno es miembro de la Iglesia tiene que asumir el compromiso de ser profeta en su tiempo y en su lugar donde decida vivir, tiene que anunciar un evangelio de esperanza y denunciar las injusticias sociales.
No dejemos pasar la oportunidad de ser profeta, porque solo hay dos cosas que no se pueden recuperar en la vida:
«la oportunidad perdida y las palabras pronunciadas»
tú que piensas al respecto?
