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¿La TV basura, causa principal de la superficialidad?

Resulta difícil que un creyente, luego de sentarse durante varias horas frente al televisor, se encuentre frente a Dios en la oración. A primera vista, parece ser que la oración no tiene marketing. No aparece en los spots publicitarios, no está integrada en las películas (salvo en las de terror, o en la bendición que hacen de la mesa, una familia de gánsters), ni tampoco los famosos de la «pantalla chica» (tal vez sería mejor llamarla chata, cosa que ocurrirá con los nuevos modelos flat, que han logrado hacer mayor justicia entre el continente y lo contenido) pueden hablar de oración, pues, han sufrido uno de los males que genera la cultura contemporánea, para ser parte de ella hay que renunciar a rezar. Uno de sus trascendentales es la practicidad, todo se puede desechar; los vasos, los pobres, los platos, los ancianos y los embriones humanos. Todo es reemplazable y desechable.

Este nuevo «dios», en un mundo que se pavonea de sus adelantos, va sobre una mesa con ruedas y dentro de una caja, para ponernos al tanto de lo último, de lo que está de moda y de lo que vendrá. No prestarle atención es un gravísimo mal, sería como quedarse al borde del camino, para expresarlo más exactamente, sería estar «desinformado» (es decir, sin forma). En su bondad, nos anticipa con un desfile lo que se llevará en la próxima estación, para que podamos estar atentos y no suframos un aislamiento, llevando «trapos» que ya nadie tiene.

En su lista de novedades no figura la oración. Ella pertenece a las cosas del pasado, compañera de una civilización lejana, o a lo sumo, patrimonio de una tribu de solitarios hombres en vías de extinción, a los que se llama «creyentes». Aunque, no todos los que pertenecen a esta tribu practican ese rito. Algunos han cedido ante las formas orientales de evasión, otros, creen más adaptado al momento presente, tener un analista. De allí nació la rama de los «creyentes analizados», aunque, algunos prefieren llamarse maduros, para evitar el título de creyentes (en una cultura pluralista no hay que molestar a los que no creen).

Basta, ya hablé lo suficiente de la TV basura… me viene la gana de preguntarme ¿De dónde nos viene la basura, de afuera o de nuestro interior?. Sería bueno tener en cuenta el razonamiento que hace en el vídeo sobre el perro y la basura; de la misma manera la analogía del hombre y la basura. ¿Por qué consumimos basura?

Para cualquier espectador, sería fácil llegar a las siguientes conclusiones: se puede prescindir de la oración, pero, nunca de las nuevas vitaminas, la gimnasia y el internet. Es para el mundo y su destino, más trascendente lo que va a anunciar un peluquero, que un hombre de oración. Es imperdonable, que alguien no sepa la pasta de dientes que utiliza la conductora del programa, y que en su lugar, recuerde el nombre de las ocho bienaventuranzas de Jesús.

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