No soy un experto ni un fascinado por la filosofía angloamericana. Se sabe que la filosofía está dividida en dos universos: los continentales -Alemania, Francia, Italia, España- y los angloamericanos de cuño más analítico. Cada tanto veo y leo figuras que me impactan y me resultan admirables como David Hume, John Stuart Mill, John Dewey, Richard Rorty o, claramente, Bertrand Russell. Uno de los libros que suelo releer y me encanta, es un pequeño opus titulado de manera fresca: La Conquista-de-la-Felicidad. En este pequeño libro escrito de manera llana y con vocación de llegar al gran público -Russell que fue un gran filósofo popular en su tiempo- expresa de modo simple y pleno de lucidez las razones de la felicidad y la infelicidad. Cierto tono heredado de la filosofía de Spinoza se deja ver allí, en particular en sus referencias a las causas que originan nuestras afecciones felices e infelices.
Voy a analizar algunos puntos.
1. ¿Cuáles son las afecciones positivas que procuran felicidad en nosotros? El entusiasmo, el cariño, el afecto familiar o amistoso, el trabajo, y los intereses no personales. Russell da cuenta que es el interés amistoso por las personas y el mundo, los intereses amplios y las reacciones amistosas, las que nos llevan a un afecto no posesivo y empático, y eso propicia el estado de felicidad.2. ¿Cuáles son las afecciones negativas que disparan infelicidad en nosotros? La competencia, el aburrimiento o el tedio, la fatiga, la envidia, el sentimiento de pecado, la manía persecutoria y el miedo a la opinión pública. Para Russell estos conceptos erróneos que llevan a comportamientos y hábitos destructivos, demuelen el entusiasmo natural del hacer cosas, del deseo. Todo ellos, en el fondo, operan por el miedo. Algo que se ve muy claramente en el temor a la opinión pública o la manía persecutoria.
3. ¿Cuál es el origen de la infelicidad? La absorción en sí mismo propia del pecador -culposo-, el narcisista o el megalómano. Para peor es también lo que Russell llama «infelicidad byroniana», esto es, la gente que disfruta del sufrimiento -pienso en Sabato, por ejemplo- que no es otra cosa que un neurótico irremediable. El elogio del sufrimiento como superioridad mental y moral es un obstáculo a vencer. El sabio es feliz, no infeliz. Por lo tanto, Russell propone desterrar esa imagen del sabio infeliz, lo cual sería un contrasentido.
4. ¿Cuál es el origen de la felicidad? El interés amistoso por las personas y las cosas. Por el mundo. En algún sentido, la ética que propone Russell se acerca a la moral afirmativa de Montaigne, Spinoza y Nietzsche. La afirmatividad -el amor fati nietzscheano- que implica la expansión hacia la realidad compleja y conflictiva. En el fondo, es un afecto no posesivo y empático.
5. ¿Cuál es la personalidad del hombre feliz? Tiene dos rasgos claros: 1) su personalidad no está escindida contra sí misma -no se desprecia, se reconcilia consigo mismo, 2) su personalidad no está enfrentada con el mundo, acepta su discurrir. La infelicidad es desintegración, odio o miedo al mundo. Por el contrario, el hombre feliz, para Russell, se apoya en la integración y en el destierro del concepto de la infelicidad gozante. Como bien dice el filósofo: «para ser feliz hay que dejar de ser interesante».