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Transgredir la ley…?

En una de mis conversaciones intercambié ideas con alguien muy fiel a la ley y a las normas eclesiales, como es debido de todo beato eclesiástico. Me había centrado en un pasaje evangélico lo suficiente polémico como para tener una conversación alturada: Macos, 1, 40-45. Este pasaje en lo personal me habla de la transgresión de la ley por parte de Jesús.

Naturalmente no se trata de trasgredir por trasgredir, y mucho menos de menospreciar las normas o leyes que una religión propone. Pero, de hecho, existen normas que no coinciden con la voluntad de Dios. Le ocurrió a Jesús, y puede ocurrirnos hoy día.

En este pasaje evangélico el encuentro de un enfermo de lepra, con Jesús, es algo que merece la pena reflexionar y sacar conclusiones.

Un leproso se acerca a Jesús y le dice: «si quieres, puedes curarme”. Y Jesús le contesta:”Quiero, queda limpio». El leproso no se atreve a exigir nada; es un marginado sin derechos. Por eso solamente dice: «si quieres…» Pero el evangelista dice algo tan importante como esto: “Jesús, sintiendo lástima (compasión), extendió la mano y lo tocó”. Nos encontramos con dos trasgresiones de la ley de Dios (falseada por los intérpretes). Por una parte, el leproso infringe la ley, porque no le era permitido acercarse a nadie. Era un verdadero paria, un marginado, un “sin derechos”, excluido de la sociedad. Y se atreve a acercarse a Jesús, y hablar con él.

Por otra parte, Jesús trasgrede la ley, y mucho más gravemente, por tocar al leproso, cosa absolutamente prohibida.

El evangelio dice que Jesús: «sintiendo lástima, lo tocó«. Este «sentir lástima», se puede traducir, también, por “indignándose”. No se indigna porque el leproso se le acerque, lo hace porque está en contra de esa marginación que se le pone a una persona por el hecho de estar enfermo. La ley religiosa, en este caso, es absolutamente injusta. Eso le indigna. Pero al mismo tiempo, siente compasión por el marginado, y rompe toda norma, por muy santa y sagrada que la considerasen. Las leyes deben estar siempre a favor de la persona, respetando su dignidad.

Hoy día puede haber, también normas en la Iglesia que no respetan a las personas concretas, o a los colectivos. Normas que no se ajustan a lo que Dios quiere. Y ante eso, hay que “indignarse” con dicha ley, y “tener compasión” de las personas, sujetos pacientes de la ley injusta o poco acertada.

Tal vez una de las causas principales de la desafección que muchísima gente siente hacia la Iglesia, provenga de ese tipo de normas, que no se pueden comprender ni aceptar en lenguaje evangélico, y que de ninguna manera pueden ser voluntad de Dios.

Nuestra Iglesia debería hacer una reflexión seria y profunda de muchas de sus normas, para que su credibilidad volviese a tener carta de ciudadanía ante el mundo. La Iglesia es la primera que debe ser fiel al evangelio de Jesús, al actuar de Jesús. El pasaje que he citado es una buena muestra de todo lo dicho. No olvidemos aquello de:  “Misericordia quiero, y no sacrificios”. La misericordia, la compasión, la comprensión y el respeto a la dignidad humana, le sentaría muy bien a nuestra Iglesia.

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