Cuentos y reflexiones para pensar la vida con profundidad.

Dios de mi vida

Contigo quiero hablar, y de qué otra cosa puedo hablar sino de Ti. Porque ¿Podría existir algo que no tuviera desde la eternidad su patria y su último fundamento en Ti, en tu Espíritu y corazón? ¿Acaso no son siempre mis palabras una expresión que se refiere a Ti? Pero cuando hablo contigo, de Ti, queda y tímidamente, entonces percibes Tú otra vez una palabra sobre mí mismo, sobre aquél que, sin embargo, quiere hablar de Ti. Porque, ¿qué podría decir de Ti, sino que Tú eres mi Dios, Dios de mi principio y fin, Dios de mi alegría y de mi indigencia, Dios de mi vida? Sí, inclusive cuando te reconozco como Aquel que no necesita de mí, que se encuentra lejos y elevado sobre todos los valles por los cuales se arrastran los caminos de mi vida, entoinces nuevamente te he llamado el Dios de mi vida.

Porque  ¿sería Tú el Dios de mi vida si no fueras algo más que el Dios de mi vida? Aunque te alabo Padre, Hijo, Espíritu, aunque reconozco el misterio tres veces santo de tu vida -que eternamente estpa tan escondido en los abismos de infinitud que no deja huella alguna tras sí en tu creación, que pudiéramos descubrir por nosotros mismos-, aunque me hubieras Tú revelado el misterio de tu vida, ¿podría yo reconocerte y llamarte Padre, a Ti Verbo Eterno del Padre y del Hijo, si tu vida no se hubiera convertido por la gracia en mi vida, si Tú no fueras por la gracia y en tu misma Trinidad, el Dios de mi vida?

¡Dios de mi vida! Pero, ¿qué es lo que digo en realidad cuando te llamo mi Dios, el Dios de mi vida? ¿sentido de mi vida? ¿Meta de mis caminos? ¿Consagración de mis obras? ¿Juicio de mis pecados? ¿La amargura de mis horas amargas, y mi más recóndita dicha? ¿Mi fuerza, que a mi fuerza llena de desmayo? ¿Creador, Dador de gracia, Cercano y lejano? ¿Incomprensible? ¿Dios de mis hermanos? ¿Dios de mis padres? ¿Hay nombres que no debiera darte? Pero, ¿qué he dicho si te los he aplicado todos? Si manteniéndome a la orilla de tu infinitud hubiera gritado hacia las lejanías sin caminos de tu Ser juntas todas la palabras, que he recogido en la pobre angostira de mi finitud, nunca te hubiera yo acabado de decir.

Pero ante todo, ¿por qué comienzo a hablarte de Ti? ¿Por qué me atormentas con tu infinitud, si nunca la alcanzo a medir? ¿Por qué me fuerzas a seguir tus caminos si solamente conducen a la inhospitalidad de la noche que es lus solo par Ti mismo? Solamente lo finito y palpable está verdadera y asequiblemente cerca para nosotros. ¿Puedes Tú ser verdadera y cercana realidad si yo te reconozco como el infinito? ¿Por qué has grabado a fuego tu señal en mi alma, con el bautismo? ¿Por qué has encendido en mí la luz de la fe, esta luz oscura que nos atrae desde la clara seguridad de nuestras chozas, a tu noche? ¿Por qué me has hecho lo que soy y no otro? ¿un hombre que siente estar llamado a estar a tu lado para servir a los hombres y en quien, son embargo, no encontramos el aliento de nuestra finitud?

Mira, Señor, esa inmensa multitud de hombres -perdóname si me atrevo a juzgar de ellos-, pero, ¿piensan frecuentemente en Ti? ¿Eres tú lo primero y lo último que mantiene en inquietud su espíritu y su corazón? ¿No se orientan tan bien sin Ti en este mundo, en el cual se las arreglan, y donde sabern qupe deben contar? ¿Eres Tú para ellos en ésta su vocación algo más que aquél que debe procurar que este mundo permanezca en sus veredas, de tal suerte que no necesiten de Ti? Dilo Tú mismo, ¿Eres el Dios de sus vidas? …

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