• Cuando Dios se quedó en visto (y yo también)

    La primera vez que sentí que Dios me dejó en visto, no fue en un momento trágico. No hubo sirenas, ni lágrimas, ni una novela mexicana de fondo. Fue un día común, que es precisamente donde se esconden las crisis más peligrosas: en lo cotidiano, con cara de normalidad. Era temprano, yo ya había abierto