En algún momento leí esta comparación que me gustaría compartir con ustedes:

Hijo de gato: gatito
Hijo de perro: perrito
Hijo de león: leoncito
Hijo de cerdo: cerdito
Hijo de Dios: pecador, infeliz, mortal, imperfecto, etc.

Ante esa analogía me surge una gran duda, basado en los textos que he leído últimamente de Joseph Murphy, Neville Goddard, Lain García, Joe Dispenza; sobre nuestra verdadera identidad.

Si miramos todo cuanto existe y por encima de todo lo creado nuestro Creador nos puso características únicas que nos hace superiores en cuanto responsabilidad de todo lo creado. Las plantas son excelentes para lo que han sido creadas más no tienen la capacidad de trasladarse y esa es su limitación; pero desde en lugar donde se encuentran nos brindan los paisajes que sin ellas la humanidad se perdería de la belleza de la creación. Los animales por su parte tienen la posibilidad de trasladarse y los órganos y sistemas internos que los conforman hacen que tales seres sean perfectos para lo que han sido creados y esa es su maravilla existencial.

Nosotros los seres humanos merecemos un capítulo especial ya que no solamente tenemos capacidades que compartimos con las plantas y los animales sino que nuestra mayor gloria está en la maravillosa imaginación que radica en nuestra alma, la cual nos eleva a tal punto de convertirnos en creadores de realidades exisentes en nuestra imaginación antes que se vea plasmada en el mundo sensible. En este sentido, nosotros compartimos de la imagen y semejanza de nuestro Creador dando forma al mundo que nos rodea y el mundo que queremos tener. De vivir en cavernas a comunicarnos por medios digitales y tener los viajes espaciales y un futuro no muy lejano que existan los viajes interplanetarios nos convierten en seres con destellos de divinidad.

Sobre este tema, nuestra verdadera identidad, debemos reflexionar más a menudo y darle la gloria que le corresponde a nuestro Creador ya que a medida que sepamos nuestro lugar que nos corresponde en la creación nos ayudará a tener más claro que la divinidad (Primer Motor, Dios, El Todopoderoso, Adonai, Yahveh, Allah, etc) nos ha puesto el verdadero reto de esconder el secreto en lo más visible y cercano a nosotros para que solo los que sean capaces de SENTIR con el alma lo descubran, mientras que el resto se pase buscando en lo lejano, lo totalmente trascendente y abrigando esperanzas más en lo escatológico (lo que vendrá) que en lo histórico (la actuación del hombre en el tiempo y en el espacio).

Recuerdo una frase de un Teólogo católico cuando le preguntaron ¿Dónde estaba Dios en el holocausto cuando sufrían los judíos? la respuesta fue tan contundente como cierta: Dios estuvo ahí sufriendo con los judíos. La profundidad de esta respuesta está en que Dios está en el ser humano y acercándonos más al tema de la identidad del ser humano, cuyo tema quiero abordar ahora, nuestra verdadera naturaleza es ser la proyección de Dios mismo.

Si asumimos esta idea podemos decir que el ser humano antes que caminar bajo el peso de la culpa que generalmente las religiones y en gran medida las sectas han sembrado como creencias permanentes en la mente de muchos seres humanos; tenemos que caminar sobre los rieles de la responsabilidad considerando que si somos el contenedor del Dios creador y tenemos la capacidad de todo lo que podamos imaginar nos aproximamos con mayor énfasis en la espiritualidad en donde cada uno debe saber que no hay mayor fuente de energía y poder que dentro de cada persona. Ahora, al saber esto y creerlo, es momento oportuno para buscar con mayor empeño en el conocimiento de las leyes que rigen nuestro mundo interno con las que seremos capaces de construir nuestra realidad fuera de nosotros.

Si nuestra identidad es ser la participación divina, lo que sigue es que tenemos que sujetarnos a las leyes impersonales que rigen la creación. Éstas leyes son: Todo lo que pidas sabiendo que ya lo has recibido se te concederá; Como es adentro es afuera, como es arriba es abajo; Todo tiene una causa y produce un efecto; En lo que te centras se expande; etc.

Estas leyes las iremos desarrollando paulatinamente.

Lo más importante es que quisiera que te pongas a pensar más allá de lo acostumbrado y sepas que al ser Hijo (creación) de Dios no puedes ser menos que alguien especial y que dentro de sí esconde un secreto tan poderoso que es capaz de lo más sublime: de Dios mismo.

Espero tus comentarios, es un post que da para muchísimo más.

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