Al ver la luz del día mis ojos, Señor,
mi corazón y todo mi ser se levanta hacia ti
en busca de tu mirada.
Te doy gracias por el Regalo de la Vida;
por que hoy puedo respirar,
puedo sentir, oír, mirar, amar,
contemplar las maravillas de tu amor
en todo lo creado. ¡Gracias, Señor!
Escucha las palabras de quien siente
la vida de nuevo, Señor;
sé cercano a mi mano abierta.
Da respuesta a mi pregunta;
ayúdame en mi inquietud.
Tú, que eres mi Señor
y mi Dios, en quien confío.
A ti abro mi ser,
mis ganas de vivir, de despertar;
de mañana, en tus manos pongo
mis miedos y mis ilusiones;
de mañana, en tus ojos pongo
la pureza y la sinceridad de mi búsqueda;
de mañana, en tu camino quiero
dirigir mis pasos.
Oye mi voz, Señor, tú que eres
bueno y compasivo, y alienta mi vida,
que busca en ti luz y calor.
Mira, Señor, mi corazón inquieto,
que como un gorrioncito busca abrigo
entre tus manos; toma mi arcilla
y moldéala según los proyectos
que tienes para mí este día.
Quiero estar ante tus ojos
y dejarme penetrar por tu mirada;
delante de tus ojos, Señor,
me siento pequeño y frágil.
Derrama, al comenzar la mañana,
tu ternura y tu bondad,
para que mi corazón
se sienta fuerte y animoso.
Señor, aparta de mi camino
el mal que me rodea,
y no dejes que en este día
la mentira se adueña de mí;
dame mansedumbre y humildad
para que mi corazón, Señor,
no sea hoy violento
ni haga juego sucio a nadie.
Confío en la bundancia de tu amor
y camino hacia ti, seguro
de que me acoge en tu casa.
Haz, Señor, que camine hoy
en tu presencia y que tema
apartarme de ti.
Guíame, Señor,
tú que eres bueno y santo;
guíame hacia la luz y haz que camine
como hijo de la luz;
guíame y allana mi camino,
para que sea fiel a tu Ley de amor. Amén.
Al ver la luz del día mis ojos, Señor,

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