Creo que el título ya es muy sugerente: «Todos los caminos conducen a Dios». Lo pienso y lo creo que no estoy equivocado en esta afirmación.

Toda experiencia, buena o mala, nos lleva a realizarnos; es decir a vivir en Dios porque en Él vivimos, nos movemos y existimos. Paradójicamente aprendemos mucho más de las experiencias negativas. He ahí mi punto de vista: Pienso que en la vida andamos tentados a obtener resultados instantáneos y es por ello que nos olvidamos de vivir el proceso. Pregunten a las parejas de 20, 30, 50 años de casados y que digan si nunca han tenido problemas. Pregunten al profesional veterano si nunca tuvo dificultades en el tiempo que estudiaba y a pesar de ello se llegó a realizar. Por ello, el querer resultados inmediatos nos puede llevar a nunca conseguirlos o simplemente a no gozar del proceso.

Por querer llegar rápido a la meta no disfrutamos del viaje. Lo mismo puede suceder en la vida. Todos tenemos una misma meta que es Dios, llegaremos en cualquier momento a disfrutar de la eternidad dejando atrás nuestra existencia terrena, pero no aceleremos el proceso porque las cosas llegan a su tiempo y esta vida vale la pena vivirla.

Cuando nos ilusionamos mucho de la vida, terminamos dándonos contra la pared. La vida es simplemente vida, los juicios de valor -bueno o malo-, los ponemos cada uno de nosotros. Hoy podemos ser buenos consejeros y mañana tal vez seamos los que necesitamos que nos aconsejen. Hoy podemos juzgar la mentira de los demás y tal vez mañana los demás nos juzguen por lo que mentimos. Por ello, no juzgues los defectos de los demás, más bien alaba sus buenas acciones y trata de transformar un acontecimiento negativo en una buena y nueva experiencia. Recuerda que la vida da vueltas constantemente:

«Toda experiencia nos conduce a Dios». Todo camino nos lleva a sensibilizarnos más. En el momento del sufrimiento entendemos a la persona que ha sufrido en algún momento. El pecado del otro no nos tiene que escandalizar, pues el pecado de los otros es al mismo tiempo nuestro pecado. Las actitudes «malas» de alguien no lo etiquetemos de inmediato como producto de una posesión diabólica, tratemos de entender al ser humano en su historia y no de manera aislada. Cuando comencemos a entender a los demás habremos ganado tiempo en entendernos a nosotros mismos.

Valorar cada experiencia es dar sentido a lo que se vive. Las lágrimas de ahora pueden llegar a ser las sonrisas del mañana. Lo desgraciado de hoy puede convertirse en lo más apreciado del mañana. Es en la medida que vamos viviendo que nos comprendemos y comprendemos a los demás. Querer que todo salga como a nosotros nos gusta o como quisiéramos nos llevará a grandes desilusiones, ya que «no puedes tener todo lo que quieres». Sin embargo, si subes al tren y dejas que la vida continúe y tú en ella -en el viaje-, a medida que pasan los años llegarás a bendecir aquello que -no sucedió- o -que sucedió- en determinado momento.

«Todos los caminos conducen a Dios», porque ÉL es la luz que nos ilumina, el faro que nos atrae y la energía que nos anima. Toda experiencia nos conduce a él, desde la más sagrada hasta la más profana. Desde la oculta hasta la pública. Por ejemplo, el accidente sucedido a alguien nos puede hacer más prudentes en el caminar y en el conducir y por ende mayor respeto a la integridad de nuestros semejantes. Las experiencias negativas de ahora son las gotas de agua que nos hacen germinar. Así como las semillas si no fuera por el agua no crecería aunque esté plantada en la tierra potencialmente más productiva del planeta. Nunca odies una crisis, porque son tus diamantes de los cuales te has de jactar. Son de las caídas que hemos aprendido a caminar y a no dar pasos en falso. Son de las caídas que valoramos el estar de pie y poder caminar, saltar y bailar. 

«Todos los caminos conducen a Dios», porque no hay «un único» camino para llegar a Dios, cada uno hace su propio camino y sobre sus pasos  -que son verdaderos- se conduce a la meta final. El camino que te dé alegría, te conduzca en la verdad y sea fruto del amor es el que debes seguir. Por ello, ama tus ideales, sueña imposibles y despierta para llevarlos acabo. Pero sobre todo sé feliz. Vive y deja vivir. No te arrepientas fácilmente de tus experiencias y sobre todo no les pongas etiquetas, las que son malas ahora tal vez no lo sean más tarde. Los grandes caminos se construyen con piedras y es por ello que aunque no contemples la meta en todo su esplendor al menos nunca dejes de subir.

«Todos los caminos conducen a Dios», porque Dios es el Camino y la meta.

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