Hoy más que nunca te propongo reflexionar sobre este dilema:

O Dios quiere quitar el mal del mundo, pero no puede;
o puede, pero no lo quiere quitar;
o no puede ni quiere;
o puede y quiere.
Si quiere y no puede, es impotente;
si puede y no quiere, no nos ama;
si no quiere ni puede, no es el Dios bueno y, además, es impotente;
si puede y quiere -y esto es lo más seguro-,
entonces ¿de dónde viene el mal real y por qué no lo elimina?

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