“No te contentes sólo con pensar en las virtudes tales como la pobreza, la obediencia, la bondad; no tú debes mostrar plenamente sus frutos en tus actos. Mírate por dentro a menudo con el dese de que otros puedan observarte y ponerte a prueba. No basta con actuar virtuosamente siendo pobre, humilde, o dejándote a ti mismo de lado. Esas actitudes pueden hacerse habituales. Persevera en ellas hasta que hayas logrado la esencia de la virtud y actúes virtuosamente por naturaleza. Cuando vives la virtud sin premeditación, y realizas grandes cosas sin pensar que son importantes, sino simple y únicamente porque tú amas el bien, entonces sólo entonces eres plenamente virtuoso”
(Jhon Kirvan)


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