Cuentos y reflexiones para pensar la vida con profundidad.

LA EXIGENCIA DEL ESPÍRITU

Existe la expectativa e incluso la exigencia de que el Espíritu tiene que estar siempre para nosotros cuando lo necesitamos, pero ¿le afecta tal expectativa? ¿Le alcanza tal expectativa? ¿O más bien el Espíritu se encuentra infinitamente ajeno a dichas expectativas? ¿Acaso no está ya todo, lo que somos y lo que nos espera, pensado por él?

Pero estamos pensados por él junto con todos los otros, como un conjunto de todo. Dentro de lo pensado por él no existe nada ni nadie más pensado o menos pensado. Cada uno está pensado con un movimiento que le es propio, conforme a su ser y su destino.

En este sentido tenemos a veces exigencias. Pero sólo las que están pensadas por este Espíritu, porque pertenecen a nuestro movimiento y al movimiento de los otros que están a nuestro lado y con nosotros. Estas exigencias se hallan en sintonía con lo pensado por este Espíritu. Y tienen que ser satisfechas en sintonía con él.

Estas exigencias son puras y nos colman de un sentimiento de bienestar y paz. Pero son a la vez exigencias que el espíritu nos demanda. Y al someternos a ellas, nos sometemos a este espíritu y entramos en una unión profunda, una unión que actúa.

Por muy extraño que parezca, estas exigencias y el valor de llevarlas efectivamente a cabo son una renuncia. Por ellas renunciamos a lo cómodo y a aquel Espíritu que concuerda con nuestras exigencias. Las exigencias del Espíritu nos permiten avanzar, a nosotros y a otras personas. La renuncia cómoda a una tal exigencia paraliza. Atrasa el movimiento que nos llevaría adelante, lo detiene y retiene.

Ese Espíritu, ¿tiene también exigencias para con nosotros, en el sentido de mandamientos o prohibiciones? ¿Puede esperar de nosotros más de lo que él piensa? ¿Puede alguien desviarse de este pensar del Espíritu o decidirse en su contra? ¿No se impone el pensar del Espíritu siempre, independientemente de lo que hagamos o dejemos de hacer? ¿Será que lo que nos parece una desviación, sólo representa parte de una experiencia de enseñanza y que, al final, por las consecuencias se demuestra más categóricamente que está pensado por ese Espíritu?

¿Nos premia este Espíritu cuando le seguimos? ¿Nos castiga cuando intentamos escabullirnos de él? ¿Le afecta cuando le seguimos o cuando intentamos alejarnos de él? ¿Nos ayuda lo uno y nos perjudica lo otro? ¿Significa alguna diferencia para él y para nosotros, si al final todo viene a ser tal como él lo piensa?

Hagamos lo que hagamos y nos comportemos como nos comportemos, el Espíritu lo promueve, tal como es, porque lo piensa tal como es. Nosotros le seguimos con todo lo que este pensar exige de nosotros y con todo lo que nos da. Y empezamos a pensar, creciendo interiormente, más conscientemente, tal como él piensa, y a ser como él nos piensa, y a movernos como él nos mueve.

Descubre más desde Adelmo Vásquez · Existencia Pensada

Suscríbete ahora para seguir leyendo y obtener acceso al archivo completo.

Seguir leyendo