¿Cómo se relaciona el espíritu con las cosas? Las cosas y él, ¿se contraponen? ¿Las cosas chocan con el espíritu y nos desvían la atención de él, de forma que debamos vaciarnos primeramente de ellas para luego lograr el encuentro con el espíritu, conocerlo y unirnos a él? Así al menos lo enseñan muchos movimientos místicos y religiosos.

Pero las cosas existen porque el Espíritu las pensó. Están ahí porque actúa en ellas. Y así, tal como son, exactamente como son. Nos atraen porque el espíritu en ellas nos atrae. En ellas el Espíritu viene a nuestro encuentro. En ellas se nos muestra. Por lo tanto, el asentimiento a las cosas es asentimiento al Espíritu. De ahí que la alegría que sentimos por las cosas sea a la vez la alegría que sentimos por el Espíritu y con el Espíritu.

Las cosas son un regalo del Espíritu. Cuando las tomamos, las tomamos con el Espíritu. Cuando nos unimos íntimamente con ellas, nos unimos a través de ellas y junto con ellas también con este Espíritu.

Lo mismo vale para las personas. En ellas se manifiesta el Espíritu de forma especial, particularmente en situaciones en las que nos sentimos dependientes de dichas personas, por ejemplo, de nuestros padres y de una pareja muy querida.