Para mí, ser peruano no me hace diferente de otros humanos en mis derechos y deberes, pero si me hace diferente en mis culturas y costumbres, y es un motivo de orgullo y de reflexión.
Ser peruano es más que una nacionalidad, es un privilegio. El haber nacido en un país con tanta historia y culturas, una patria con tantas posibilidades de desarrollo, con una población tan diversa y única, con tantos contrastes, es motivo de suerte.
Los recuerdos acerca de mi infancia y juventud en Perú son tanto buenos como malos. Pero al vivir lejos por primera vez de mi país siento mucho cariño por ese país que no es perfecto, pero cuya población ha aportado tanto al mundo, y cuya tierra es hermosa por donde la mires: desde los tranquilizantes desiertos andinos, hasta los valles multicolores de las montañas, las pampas frías y amarillas, las quebradas secas y enigmáticas, los ríos apurados, las ciudades andinas y las grandes urbes de las orillas marinas, y los planos bosques amazónicos.
Sin embargo a veces siento que Perú es una fantasía, un país en camino a la división.
Cuando veo que el país no cambia en sus defectos y que la mayoría de peruanos no son representados por su gobierno, pienso que debe haber otra opción para nosotros.
Espero que me equivoque.

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