Jesús se retiraba con frecuencia a orar al Padre Dios. Nosotros, en cambio, rezamos poco. Y, muchas veces, cuando rezamos lo hacemos de memoria, sin prestar atención a lo que decimos. Rezamos como loros.
Pero conversar con el Padre Dios, con Jesús, con su Madre o con los santos no es nada difícil. Todos son nuestros amigos. Todos nos miran bien y quieren ayudarnos. El ser pecador no es ningún problema. Nadie tiene más derecho a hablar con Dios que el pecador.
Dediquemos esta reunión a la oración. Pues necesitamos aprender a conversar sencillamente con Dios. Dios se lo merece. Y nosotros lo necesitamos. Necesitamos que nos comunique la fuerza de su Amor. Pues si no, no podremos avanzar hasta el final del camino de la liberación.
Los que luchamos por la justicia necesitamos la oración más que nadie. Algunos compañeros cristianos no pudieron seguir adelante porque dejaron de tratar personalmente con Jesús.
La fe en Jesús no puede quedar reducida a una ideología. Ni siquiera a un proyecto social o político. Jesús es una persona viva. Un compañero con el que siempre podemos contar. Y a quien hay que tratar de tú a tú.
Te suplicamos, Jesús, que nos enseñes a orar. Necesitamos aprender a estar contigo. Enséñanos a conversar con sencillez. Enséñanos a escuchar tu voluntad. Necesitamos recibir tu fuerza, tu alegría, tu paz.


Deja un comentario