Hace un mes me desperté con una franca sonrisa. Me levanté de un salto, abrí las ventanas y un cielo celeste sin nubes coincidió con mi estado de ánimo.
Me miré al espejo en voz alta y me dije «Feliz día, Adelmo, hoy será un gran día». Me afeité con cuidado, me duché disfrutando de la lluvia tibia, me sequé, elegí la mejor ropa deportiva que tenía y satisfecho con mi apariencia salí de mi casa, me subí al auto recién comprado y me puse rumbo al aeropuerto.
Hoy, me dije, después de dos meses de nostálgica espera, mi esposa ESPERANZA y mi hijo PORVENIR, de apenas seis años, retornaban de la corta visita a la familia de mi mujer que residía en Bellavista.
Llené el auto de música romántica a la cual acompañaban mis corrientes tarareadas. Llegué a la estación aérea aprecié un movimiento inusual que en un primer momento me pareció curioso y que luego empezó a preocuparme. Un cordón policial no dejaba estacionar hasta quinientos metros antes de llegar al aeropuerto.
La ansiedad se instaló en los poros de mi alma. A la distancia pude apreciar una columna de humo, a medida que me acercaba a la estación aérea los malos pensamientos se me acrecentaban. Al llegar, mi presagio pesimista se transformó en una amarga realidad. El avión que venía de Bellavista, por motivos ignorados se había estrellado a pocos metros de la pista de aterrizaje. No había sobrevivientes.
A partir de ese día Yo dejé de ser. No podía resignarme nunca a la terminante ausencia de mi esposa ESPERANZA y mi hijo PORVENIR. Me olvidé del trabajo, los amigos, mi familia, los paseos. Todo el día junto a las tumbas de ESPERANZA y PORVENIR. En una semana había envejecido, dejé de hablar y los ojos rojos indicaban que el llanto no me abandonaba.
Tuve una leve mejoría al décimo día, cuando empezé a soñar con ellos. Paseaba de la mano con ESPERANZA por la plaza de siempre, mientras PORVENIR se encargaba de un inmenso paquete de papitas-fritas, chizitos, los primeros pasitos del mocoso, una maravilla.
Por la mañana, la dura realidad me llevaba al llanto o a la depresión. Con barba de varios días, sin bañarme, compraba toneladas de flores con las que llenaba el frío mármol de las tumbas de mi esposa y mi hijo. Junto a ellas permanecía hasta el anochecer.
Cuando volvía a la casa, me metía vestido en la cama y apuraba el sueño que compartía con ESPERANZA, PORVENIR y los lugares donde el amor de nuestro trío fantástico había sido ilusión y verdad.
Paulatinamente, mis sueños pasaron a ser el espacio de tiempo diario de mayor trascendencia en mi vida. Decididamente no soportaba más la diaria realidad.
Una noche, antes de que mi sueño se desvaneciera, les planteé mi deseo de acompañarlos, de marchar con ellos. ESPERANZA y PORVENIR me prometieron que lo consultarían con las autoridades del mundo de las almas nobles.
Pasaron varios sueños y la respuesta de ESPERANZA y PORVENIR siempre era igual: que no tenían noticias, que no les habían contestado el reclamo.
Una noche, mi esposa y mi hijo llegaron a mi fantasía con una sonrisa.
– Te aceptaron -me dijo ESPERANZA-, nos están esperando.
Yo, emocionado, abracé a mi esposa y a mi precioso hijo.
-¿Y cómo llegaré al paraíso? ¿Cómo accederé al mundo de las almas nobles? -me preguntaba para mis adentros-.
-Te acompañaremos. Partiremos desde la ventana del comedor. Volando llegaremos al destino final. Me contestaron…
Recuerdo grato e inolvidable, que lo llevo grabado en mi memoria y así fue: Me toman de la mano. YO en el medio, a la diestra ESPERANZA, a la izquierda PORVENIR. Desde la vereda que enfrentaba mi casa, un vecino me vió parado en la ventana y me comenzó a gritar:
-¡No te tires, Adelmo! ¡No te tires!
Pero YO no escuchaba nada. Estaba fuertemente tomado de las manos de ESPERANZA y de PORVENIR.
-¡A volar! -exclamaron ELLOS.
-¡A volar! -grité también YO.
Y nos lanzamos.
Según fuentes del diario celestial, el vecino que nos vio jura y re-jura que YO me arrojé, pero que en lugar de caer comencé a volar; cuenta que me siguió con la mirada hasta que me perdí mezclándome entre las estrellas.
YO, desde ese momento, fui ausencia. Nada se supo de mí, me desvanecí de manera inexplicable para la razón.
Otros periódicos del Paraíso, afirman que en el mismo momento en que por televisión un especialista en fenómenos incomprensibles se explayaba sobre MÍ y mi misteriosa experiencia, en algún lugar del mundo de las almas nobles, sobre un verde césped, bajo un techo de cielo intensamente celeste, con un lago manso rodeado de montañas plena de pinos, el trío invencible festejaba el milagro de estar juntos, el glorioso triunfo del amor sin límites.YO tengo ESPERANZA en el PORVENIR!!!

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