Todos los días cuando subo al Tranvía que va de Ain Karem a Jerusalén me suelo quedar mirando por varios minutos una de las mejores maravillas que puedo ver en pleno siglo XXI: Jóvenes y Señoritas judíos con un libro abierto entre la manos y leyendo. 

En este mundo virtual donde lo que cuenta es el sms, los chats en el facebook, la foto del facebook los libros parecen que han ido a llenar las bibliotecas olvidadas de nuestros antepasados.
Me emociono, me causa un poco de envidia y tal vez me hace nacer una que otra ilusión ya que en mi país no sucede eso. En mi país las señoritas viven con el celular cual fiel amante desde la media noche hasta las 11:59 pm del día siguiente. Y cuando llegan a casa la dosis se hace cada vez más intensa ya que encienden la televisión y se envenenan con las telenovelas o con cualquier televisión basura. 

Es verdad que la mujer hebrea tiene gustos un poco anticuados para vestirse, cualquiera que conoce éstos lugares no me dejará mentir. Sin embargo, deduzco que la lectura les hace especiales ya que las veo mover los labios repitiendo las frases del libro; es sin duda todo un espectáculo.

Me llama poderosamente la atención ver a dichas señoritas o señoras con un rostro de tranquilidad. Claro, la razón es que como andan ocupadas en algo interior no están preocupadas en juzgar la vida del otro. 
Caso contrario sucede en mi país -y creo en toda latinoamérica-, las mujeres en vez de tomar un libro o ponerse a conversar algo bueno de la otra persona, hacen todo lo posible para arrancar un comentario de alguien: «te cuento… fíjate que esa señora nueva de la calle nn… esa mujer no sabe vestirse… ese hombre le saca la vuelta a su mujer… esa señorita ya está pasando de edad para casarse… esa señorita no se tapa las piernas… la novela de anoche estuvo muy buena, pero ese desgraciao… etc etc». Frases como éstas es fácil escuchar en las combis, en los microbús, en las conversaciones cotidianas. 

Envidio sinceramente cada vez que veo los autobús en donde transitan estudiantes -hombres y mujeres-, que llevan entre las manos sus libros y leen aunque sea una sola página. La persona que lee es sin duda alguien diferente, diferente en el buen sentido.

Cuando se va al muro de los lamentos o a la sinagoga es otro evento importante: los niños, jóvenes y adultos leen pasajes de la Torah. Nosotros los cristianos ¿Qué cosa leemos cuando vamos a una Iglesia?. A veces da vergüenza decirlo pero esa es la realidad: ni el mismo cura lee el evangelio antes de comenzar la misa… por eso tenemos homilías que parecen discursos de políticos demagogos o de protestantes que con un año de formación se creen saberlo todo… eso es ignorancia!

No leer es el pecado capital que estamos teniendo actualmente y sin embargo gente que no ha leído ni siquiera una revista de principio a fin llegan a ser jefes de Estado. Por ejemplo el presidente de México. Y debo reconocerlo en mi país se lee muy poco y de ahí puedo sacar mi conclusión la crisis por la que estamos pasando. No solamente una crisis económica sino también de formación y autoformación.
Este es un llamado de atención para comenzar a leer desde lo más pequeño que pueda significar hasta llegar a entender ideas cada vez más complejas. 
Para los jóvenes estudiantes de mi país y de todo el continente americano les digo que mientras puedan leer y le den su espacio a tal fin verán que la vida tendrá un significado distinto: más seguridad al momento de hablar, un espíritu crítico, diálogos constructivos, etc. 
Vamos a leer!!!
Apaguen el televisor, guarden un momento el celular, regálense un buen fin de semana acompañado de un buen libro, gocen de la magia que regala una lectura…! 
Vamos a leer y no te arrepentirás!

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