1. Reconocemos, Señor, que durante esta vida nunca te podremos conocer del todo. Acá nadie te ha visto, ni te puede ver cara a cara (1Tim 2,16). Ningún ser humano podría verte y seguir viviendo (Ex 33,20).

2. Algunas veces tu presencia causa terror y obscuridad (Gn 15,12). Otras veces, en cambio, te manifiestas en el murmullo de una suave brisa (1Re 19,12).

3. Siempre se te ha conocido un poco a la vista de tus creaturas. La grandeza y hermosura de las cosas creadas te dan a conocer a ti, su Creador, mucho más grande y hermoso (Sab 13,5).

4. ¡Tu gloria llena toda la tierra! (Is 6,3).

5. Te muestras desde el fuego y las nubes (Ex 14,24). A veces te presentas bajo la apariencia de una llama ardiente, entre truenos y relámpagos (Ex 19,16), o en medio de una gran tempestad (Job 40,6).

6. Pero te conocemos de una forma especial a través de tu presencia li- beradora en medio del dolor humano (Job 42,5).

7. Tú eres el Dios que ve y escucha la aflicción de las mujeres despreciadas, como Agar (Gn 16,13). El que oye los gritos de los niños que están en peligro de morir de hambre, como Ismael (Gn 21,17).

8. Tú ves la humillación del pueblo y escuchas sus gritos cuando lo maltratan sus explotadores (Ex 3,7). Conoces los sufrimientos de los oprimidos (Ex 3,9), y existes en medio de su proceso de liberación (Ex 3,18).

9. Eres el Dios de los hebreos: de los marginados y oprimidos, que quitas de sus espaldas sus duros trabajos y los libras de la esclavitud (Ex 6,7).

10. Tú eres el único Dios, verdadero y fiel, (Dt 7,9), capaz de liberar de la opresión (Dt 5,6).

11. Todo el que te conoce de veras se preocupa de practicar la justicia con el desamparado (Jer 22,16). Los que te buscan anhelan siempre la justicia (Is 51,1). Pues todos tus caminos son justicia, Señor (Dt 32,4). ¡Por eso el que obra la justicia, ése ha nacido de Dios! (1Jn 2,29).

12. Por eso, para conocerte es imprescindible amar la justicia (Sab 1,1). Pues la injusticia destruye la verdad sobre ti, Señor (Rm 1,18).

13. Señor, aunque todavía no te conozco como debo (Sab 2,13), quiero dejar de adorar a los ídolos inútiles, para poder servirte sólo a ti, el Dios vivo y verdadero (1Tes 1,9).

14. En otro tiempo hablaste a nuestros antepasados por medio de los profetas (Heb 1,1). Pero ahora, llegada la etapa final, nos has hablado por medio de tu Hijo (Heb 1,2), que es reflejo resplandeciente de tu gloria e imagen perfecta de tu ser (Heb 1,3).

15. En Jesús, la vida que estaba junto a ti, Padre Dios, se ha hecho visible, y la hemos visto y oído (1Jn 1,2).

16. Jesús te conoce perfectamente, pues viene de ti (Jn 6,46; 10, 15). Dice tus palabras (Jn 3,34). Está en ti, Padre Dios, y tú en él (Jn 14,9). Por eso es el único que con toda verdad te da a conocer (Jn 1,18).

17. Señor Jesús, te suplico que me hagas conocer al Padre, pues nadie lo conoce sino tú y aquellos a quienes tú se lo das a conocer (Mt 11,27). Conociéndote a ti, Jesús, conoceré también al Padre (Jn 8,19). Pues nadie va al Padre sino por ti (Jn 14,6).

18. Danos a conocer a ese Dios que se alegra cuando los pobres le conocen (Mt 11,25), que hace fiesta cuando el hijo perdido vuelve a él (Lc 15,23s) y hace llover sobre malos y buenos (Mt 5,45).

19. Quien te ve con corazón limpio, ¡bendito seas!, ve a Dios (Mt 5,8). Queremos aprender a ver tu rostro sufriente en los desamparados del mundo (Mt 25,31ss) y en ellos detectar el amor preferencial del Padre. 

Dios

Un comentario

  1. jejeje

    Precioso y preciso…

    Toda una exhibición !!!

    Me ha encantado…

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