Hace casi dos mil años Dios se hizo hombre. Se convirtió en com­pañero nuestro, en amigo nuestro. A este hecho tan importante de la historia se le llama la Encarnación de Dios.
Desde entonces ya no deben contar las diferencias de raza, de educación o de riqueza entre los hombres. Todos merecemos el mismo respeto. Dios nos hizo a todos y Dios nos honró a todos al tomar nuestra naturaleza humana.
El hecho de la Encarnación demuestra que Dios se interesa por todos los hombres. Ninguno de nosotros le es indiferente. Respeta a todos. Quiere a todos. Y por eso hace suya nuestra carne humana. Por solidaridad.
La salvación de Dios no es solamente para las almas. El se preo­cupa de los cuerpos. De nuestra persona toda entera, tal como El la hizo. Por eso se hace persona humana. Para amparar y defender los derechos de toda persona.
La Encarnación de Dios es una bandera de defensa permanente de la dignidad de toda persona humana.
Nosotros, que creemos en el Dios hecho hombre, queremos aceptar su llamada y ponernos en marcha, dispuestos a defender la dignidad de todos los hermanos. Sabemos que Dios está con nosotros.

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