Una realidad que aparece siempre en la Biblia es que Dios se fía de los po­bres. Su familia era pobre. Y a la hora se salir a predicar eligió también a gente po­bre. El único que podría ser de una clase media fue Mateo, que era como empleado público; pero seguir a Jesús le costó el puesto. En cambio los demás siguieron en parte trabajando en su mismo oficio de pescadores.

Es muy importante darnos cuenta de que cuando Jesús necesita colaboradores íntimos los busca entre los pobres. También a nosotros, los campesinos, nos llama para ser sus amigos. El también tuvo algunos amigos ricos. Pero la mayoría era gente pobre.
En esta comunidad cristiana hace falta gente decidida, que se comprometa con Cristo y con los hermanos. Hombres y mujeres, que se sientan llamados a construir un mundo de hermanos, mediante la fuerza liberadora de Cristo. Necesitamos sentir en nuestro corazón este llamado de Cristo.
No pensemos por más tiempo que no servimos porque somos pobres e ignoran­tes. Igual de pobres e ignorantes eran los apóstoles que Jesús eligió. El se fija ante todo en los buenos tesoros que hay en nuestro corazón. Y el corazón del campesino está lleno de maravillosas cualidades humanas.
Jesús nos llama. Jesús nos necesita. Y no sólo de uno en uno. Sino a todos noso­tros formando una comunidad. Necesita grupos de amigos que quieran seguirle.

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